Las tumbas de Macchu Picchu

de que fueran devueltos transcurridos dieciocho meses». Contempló hacerle “perro muerto” al Perú, pero lo reconsideró. «El tema se ha vuelto de gran importancia para los peruanos, que sienten que estamos intentando robar los tesoros de su país», escribió Bingham 526 . El editor de National Geographic estuvo de acuerdo: «Siento que deberíamos cumplir nuestro acuerdo con el gobierno peruano y devolver todo el material que nos comprometimos a devolver, y me alegra saber que estás de acuerdo conmigo en este punto» 527 . Pero cuando Perú amplió su solicitud —no queda claro si lo hizo por la presión de Valcárcel— Bingham cambió de parecer. En 1920, el cónsul del Perú en Estados Unidos nuevamente solicitó la devolución de los objetos de Vitcos y Patallacta que tenía Yale, pero esta vez también citó la cláusula del acuerdo de 1912 que garantizaba el retorno de los objetos que Yale había exportado aquel año, es decir los cráneos, huesos y objetos de Machu Picchu, el plato fuerte de la colección de Yale 528 . Según Yale, el Perú había aprobado un decreto que exigía que los objetos únicos se devolvieran pero que permitía que los duplicados —tiestos y huesos— permanecieran en la universidad 529 . Era una concesión generosa, dadas las circunstancias, pero aun así Bingham optó por hacer caso omiso: Perú no recibiría ni los objetos únicos ni los duplicados de Machu Picchu. Bingham sabía muy bien cuáles piezas había extraído del Perú en 1912. Pero a sus colegas les decía que la carta hacía referencia a los objetos de 1914-1915. En el mejor de los casos se trataba de un error, quizá debido al hecho de que todavía se estaba recuperando de una enfermedad después de la guerra. En el peor, estaba ocultando las obligaciones que el Perú le había impuesto a Yale hacía casi una década, quizá por resentimiento o por vergüenza. En cualquier caso, el resultado fue el mismo: los objetos de Machu Picchu se quedaron en Yale. En 1921, el Museo Peabody devolvió 47 cajones de esqueletos humanos y fragmentos cerámicos mixtos provenientes de Patallacta. Los veinticinco cajones restantes que habían partido de Perú a inicios de 1915 — incluyendo objetos de Vitcos— aparentemente permanecieron en Yale junto a la plata, bronce, cráneos y huesos provenientes de Machu Picchu. En caso de que los peruanos se quejaran, Bingham ya estaba practicando su excusa. «Cuando vean el material», le escribió al editor de National 305

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx