egipcios que construían sus pirámides o al emperador chino Qin Shi Huan, que se hizo enterrar rodeado de guerreros de terracota de tamaño natural522. Sin embargo, aun si Machu Picchu fuera uno de los lugares de reposo de Pachacútec, sus ocupantes desaparecieron hace tiempo. Después de la conquista, los españoles llevaron la momia de Pachacútec del Cusco a Lima, donde fue enterrada, perdida o quemada. Quizá Machu Picchu sea entendido mejor no como cuna ni tumba, sino como cenotafio: un monumento en honor a un individuo cuyos restos están perdidos o en otro lugar. En el centenario de la primera visita de Hiram Bingham a Machu Picchu, las ruinas son conocidas en el Perú por la ausencia de otro conjunto de restos humanos, los de los sirvientes de Pachacútec, que fueron reclutados por todo el Imperio, enterrados en las laderas de Machu Picchu, y exhumados casi medio milenio después por Hiram Bingham, quien los llevó a New Haven, donde han reposado desde entonces. Durante casi un siglo, los peruanos han buscado su retorno. Pese a la posterior amistad entre Luis E. Valcárcel y Bingham, este esfuerzo empezó en 1916, cuando Valcárcel descubrió que Yale realmente había recibido una colección de objetos que Tomás A. Alvistur, recurriendo a sobornos, había enviado de contrabando al país del norte. Aunque no había forma de enjuiciar a Bingham desde el Perú, Valcárcel utilizó a la prensa para recordar al gobierno los derechos garantizados por los decretos de 1912 y 1916: la devolución de los restos humanos y objetos prestados a Yale 523 . Para evitar la pérdida de más colecciones de la región, Albert Giesecke, el rector norteamericano de la Universidad del Cusco, se contactó con uno de los últimos grandes coleccionistas de la ciudad y lo convenció de que le vendiera sus objetos a la Universidad, con lo cual se creó el tan añorado museo del Cusco, hoy el Museo Inka. Valcárcel fue el primer director del museo 524 . En el frente internacional, a fines de 1918, la delegación diplomática peruana en Estados Unidos pidió la devolución de la colección exportada en 1916. Yale obtuvo una extensión gracias a que Bingham estaba en la guerra, pero el explorador parecía estar dispuesto a cumplir sus promesas, cuando menos respecto de los objetos de Vitcos y Patallacta525. «Los objetos exportados en 1916», escribió, «no nos pertenecen a nosotros, sino al gobierno peruano, que nos permitió sacarlos del país bajo la condición 304
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx