Machu Picchu ahora es comprendido como un asiento de autoridad regional y espiritual, así como una finca real cuyo mantenimiento provenía del culto familiar que rodeaba a la momia de Pachacútec516. Tampu Tocco, la cueva de la que emergió el primer Inca, sigue estando asociada con el sitio de Pacariqtambo, al sur del Cusco. Por tanto, Machu Picchu no era la cuna de los incas, ¿pero acaso podría ser su tumba, Vilcabamba la Vieja? Tampoco. Ahí también, el tiempo demostró que Bingham había actuado con más romanticismo que cientificidad. En la década de 1960, un explorador estadounidense llamado Gene Savoy examinó la geografía de Bingham y señaló lo obvio, que tenía poco sentido que la última ciudad de los incas estuviera tan cerca del Cusco. Savoy era uno de los últimos exploradores de la vieja escuela, y sus puntos de partida fueron las crónicas españolas, su propio dinero y una corazonada de que Bingham se había equivocado. Siguiendo los pasos de Bingham, viajó a las ruinas de Espíritu Pampa, el sitio cuya tupida selva y habitantes «salvajes» habían intimidado a su antecesor. Despejó la selva con la ayuda de Julio Cobos, el peruano a quien le pertenecía el terreno. Una vez despejado, el sitio resultó ser enorme, lo cual sugería que calzaba con la descripción de la capital en el exilio de Manco. Savoy anunció que había encontrado Vilcabamba, la última ciudad de los incas, la cual Bingham había visto pero no comprendido 517 . Los propios sucesores de Bingham en Yale también echaron por tierra su teoría. Una de las bases para que Bingham creyera que Machu Picchu era el último refugio de las «vírgenes del sol» de los incas era la aseveración de George Eaton de que la vasta mayoría de los esqueletos del sitio le pertenecían a mujeres. En la década de 1980, sin embargo, los arqueólogos de Yale Richard L. Burger y Lucy Salazar encargaron una nueva serie de estudios del material de Machu Picchu que demostraron que Eaton estaba equivocado. Usando tecnología moderna, el arqueólogo de Tulane, John W. Verano, demostró que la proporción de mujeres a hombres era relativamente pareja 518 . Las tumbas les pertenecían a sirvientes de baja condición, no a vírgenes mimadas. Sus articulaciones estaban desgastadas y sus espaldas arruinadas por toda una vida de trabajo pesado. Alrededor de 1536, durante la gran rebelión de Manco, los incas habían abandonado el sitio, llevándose el oro y plata consigo519. Por mucho que Bingham quisiera que esto fuera cierto, habría sido casi imposible que Manco Inca 302
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