Las tumbas de Macchu Picchu

Picchu. También estaba «ansioso de ver lo que has hecho en Sacsayhuamán, [Pisaac] y Ollantaytambo», le escribió a Valcárcel 504 . Cuando iban en camino al sur, sin embargo, la Marina peruana se rebeló. El presidente reprimió la rebelión pero también canceló el Congreso en el Cusco. El que Hiram hubiera viajado toda esa distancia por gusto habría sido embarazoso, pero Giesecke convenció al Rotary Club del Cusco, que veía a los estadounidenses con buenos ojos, de que le diera algo mejor a Bingham. El club estaba por inaugurar una carretera a Machu Picchu. ¿Por qué no bautizarla con el nombre del explorador de 72 años que le había dado fama a las ruinas? El 12 de octubre, «Día de la Raza», Bingham y su esposa Suzanne llegaron al Cusco en un vagón especial del ferrocarril del sur. Podrían haber llegado en avión, pero Bingham quería viajar como lo había hecho en el pasado. Se sentía joven de nuevo. Los cerros, el pasto, el cielo azul y los recortes de El Comercio del Cusco le hicieron sentir bienvenido. Cuando el reportero del periódico se subió al tren, la alegría de Bingham se hizo evidente. «La impresión de estrecharle la mano fue gratísima», escribió el reportero. «Con una estatura elevada y un continente de gran señor venerable por su cabellera absolutamente blanca, nos recibió con una cordialidad que nos llenó de emoción» 505 . Los Bingham tomaron otro tren a Machu Picchu, pero subieron a la cima a lomo de mula, por los viejos tiempos. El embajador de Estados Unidos viajó desde Lima en avión y tomó un tren especial para unírseles. El ingeniero de la carretera dio un discurso, así como José Gabriel Cosio, entonces alcalde del Cusco, quien alguna vez supervisara la expedición de Bingham. Suzanne cortó la cinta, con lo cual se inauguró la carretera Hiram Bingham. Lleno de una «intensa emoción», el elegante explorador habló entre aplausos. «Quedará como uno de los momentos más gratos de mi vida», explicó. Hiram pasó la tarde paseando entre las ruinas, fijándolas en su memoria antes de regresar a Estados Unidos 506 . Ocho años después, en 1956, el senador Prescott Bush anunció la muerte de Bingham en el Congreso, y los periódicos en todo Estados Unidos recordaron un legado tan monumental, pero también tan deteriorado, como las ruinas que tanto adoraba. Bingham había nacido más allá de la frontera más lejana de Estados Unidos y ochenta años después descansaría en su corazón militar, el Cementerio Nacional de Arlington. El obituario de la revista Time podría haber sido su mejor caracterización. Citó a Bingham: 299

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