Las tumbas de Macchu Picchu

Picchu, quizá por primera vez desde la expedición de Bingham de 1912. Las ruinas jamás se volverían a tupir de vegetación. Quizá esta actividad le produjo más simpatía a Valcárcel por su antiguo adversario. Le escribió a sus amigos para obtener una copia de Machu Picchu: A Citadel of the Incas500. Durante un tour posterior a Estados Unidos, concertó una cita con Bingham en Washington DC. Se encontraron el 1º de abril de 1941, antes de que Estados Unidos se viera involucrado en la Segunda Guerra Mundial, coyuntura en que la popularidad hemisférica de Estados Unidos, resultado de la política del Buen Vecino instituida por el presidente Roosevelt, estaba en su apogeo. El cuaderno de apuntes en que Valcárcel describió este viaje es delgado, pero se aseguró de anotar que su charla con Bingham fue «muy agradable». Al parecer, se encontraron en la casa de Bingham, donde el explorador le mostró un retrato de Simón Bolívar a su viejo adversario. Al día siguiente, Bingham llevó a Valcárcel al elegante Metropolitan Club para almorzar con O.F. Cook, un botanista que había estado en la expedición de 1914-1915501. Uno se pregunta de qué conversaron: si trataron el tema de su expedición final, tan fatal para los planes de Bingham, o si conversaron sobre Machu Picchu, la pasión que tenían en común. Quizá fue suficiente que Bingham y Valcárcel, antiguos adversarios pero muy similares en tantas maneras, se sentaran juntos para ver que el pasado no estaba olvidado. La visita tuvo un efecto en ambos. Cuando Valcárcel regresó al Perú, escribió que Yale tenía una actitud importante hacia Sudamérica 502 . Unos cuantos años después, Bingham agradeció la «gentil referencia» a sus expediciones hecha por Valcárcel en el Handbook of South American Indians503 . Cuando escribió Lost City of the Incas, Bingham se aseguró de reconocer el mérito de los muchos peruanos que le ayudaron en su empresa, incluyendo a Carlos Romero, el archivero de Lima que le dio la ubicación general de Vitcos. La evidencia de que el tiempo había sanado las heridas de Perú —por lo menos temporalmente— llegó cuando el viejo amigo de Bingham, Albert A. Giesecke, el ex rector de la Universidad del Cusco, les consiguió invitaciones al explorador y a su esposa Suzanne para el Congreso Indigenista Interamericano que se celebraría en el Cusco en el otoño de 1948. Hiram estaba emocionado; podría volver a visitar Machu 298

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx