Las tumbas de Macchu Picchu

se fueron disipando. No era una crisis de la mediana edad, fue una transformación completa. Roosevelt le consiguió a Bingham un escaño como elector presidencial en la convención republicana y le animó a que se alistara como capitán en la batería de Yale, que entrenaba a los estudiantes de Yale para que pudieran perseguir al revolucionario mexicano Pancho Villa al sur de la frontera. La batería nunca pasó de Pennsylvania, pero sus repercusiones sugerirían un paralelo con el curioso legado que Bingham ya le había dejado a Yale. Uno de los reclutas era un estudiante de último año y atleta distinguido llamado Prescott Bush, quien llegaría a ser senador y cuyo hijo y nieto serían presidentes. Bingham y Bush se llevaban bien, y aquel otoño Bush y 117 estudiantes más —la mayor cantidad de alumnos con los que contaría Bingham en su carrera— se inscribieron en el curso de historia sudamericana dictado por Bingham. El explorador los deleitó con historias de arqueología y de la excavación en Machu Picchu, y les mostró los cráneos y objetos que sus expediciones recolectaron en las últimas ciudades Inca del Perú. Asimismo, aquel otoño Bush fue invitado a ser miembro de la Skull and Bones, la sociedad secreta que lo había rechazado dos décadas atrás. Al siguiente año, Bush y algunos de sus cofrades de la Bones fueron a Fort Sill, Oklahoma, para entrenarse en el uso de artillería. En Fort Sill yacía Gerónimo, el gran líder de los Apache Chiricahua, quien había muerto en 1909 tras pasar quince años como prisionero del ejército de Estados Unidos. Una noche, ansiosos de hacerse de trofeos propios, Bush y sus cofrades aprovecharon la oscuridad para exhumar la tumba de Gerónimo. «El cráneo del honorable Gerónimo el Terrible, exhumado de su tumba en Fort Sill por tu club… está ahora a buen recaudo dentro de la T– [tumba] junto a sus desgastados fémures[,] bocado y el cuerno de su montura», le escribió un cómplice a otro miembro de la sociedad en una carta recientemente descubierta en el archivo de Yale 485 . La verdadera tumba de Gerónimo no estaba marcada, pero la posibilidad de que hubieran saqueado otra tumba apache no mejora la situación. Bush y sus cofrades colocaron lo que podría ser el cráneo del «último Apache libre» en un pomo de vidrio en la «tumba» sin ventanas de la Sociedad en New Haven, mientras que a menos de una milla de distancia, los restos humanos encontrados en las últimas ciudades incas se llenaban de polvo. Era el trabajo de Bingham llevado al extremo: el trofeo de una resistencia indígena aplastada encerrado en la torre de marfil. 290

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