que le tengo a mi querido y viejo Bill Taft [el sucesor republicano de Roosevelt] yo lo apoyaría a usted». Los republicanos vitorearon, y Roosevelt «aplaudió vigorosamente», reconociendo al historiador a quien había dado la mano en la Oficina Oval ocho años antes. Bingham había envejecido mucho desde entonces. Tenía tan solo cuarenta y un años, pero su cabellera se estaba poniendo plateada. «¡Bien por usted!» espetó Roosevelt. «No puedo decirle cuánto me complace oírle hablar así. Y es una corroboración exacta de lo que me dijo Edmund Heller», quien había sido el naturalista de Yale en Perú después de haber ido de cacería con Roosevelt en África. «Él estuvo en el Perú, y dijo que ahí creían que teníamos miedo de pelear por nuestros derechos contra Alemania o México, y ese no es el respeto que se merece un ciudadano estadounidense» 482 . Bingham regresó de prisa a New Haven con un ánimo inquebrantable, incluso cuando una antropóloga de Columbia llamada Elsie Clews Parson envió una carta al Times señalando cuán extraño fue el intercambio. Describió su propia visita a una iglesia indígena en Santa Clara, Nuevo México, donde fue vigilada agresivamente; después se enteró de que dos estadounidenses habían robado un crucifijo ahí hacía cinco años. Tuvo una experiencia similar en Haití, donde fue asociada con los estadounidenses que habían corrompido legisladores para obtener concesiones de tierras. No obstante, descubrió que cuando llegaban a conocer a los norteamericanos, los latinoamericanos e indígenas estaban dispuestos a darles el beneficio de la duda. «Resulta extraño que el profesor Bingham no haya experimentado esta apertura de mente. Resulta aún más extraño que el señor Roosevelt, al oír al profesor Bingham, sugiriera que nuestra preparación militar contra cualquier nación, cualesquiera sus modales o moral, podría tener un efecto sobre nuestra falta de modales y moral desde el punto de vista de los latinoamericanos. ¿No estará confundiendo el señor Roosevelt el respeto por el norteamericano con el temor por el mismo? Como regla general, el portar un arma no convence a los demás de la condición honesta o educada de uno» 483 . Fue una crítica aguda, pero para entonces Bingham ya estaba navegando. Roosevelt no recibió la nominación republicana, pero desde Oyster Bay se volvió «el santo patrono de Bingham en todo lo político»484. Bajo la tutela de Roosevelt, el interés de Bingham en la historia latinoamericana y la simpatía que les tenía a los latinoamericanos 289
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