Luis Valcárcel, Gutiérrez reconocía el valor de los cráneos trepanados y huesos quizás sifilíticos, los envoltorios de momias, las armas de piedra, las herramientas y los objetos coloniales. Eran el tesoro científico del presente. Pero Erdis no fue claro con los detalles que hacían que tales objetos fueran valiosos, por ejemplo, en qué estrato fueron encontrados y en qué contexto. Como académico, Gutiérrez estaba horrorizado. En su informe final, enfiló baterías contra el gobierno por siquiera considerar el permitir que los objetos salieran del país cuando Yale todavía no había devuelto los objetos de Machu Picchu. Comparó a Bingham y sus colaboradores con Pizarro y sus conquistadores, que viajaron por el Perú en busca de antigüedades, saqueando el pasado incaico en nombre de España469. El informe salió publicado en el periódico de mayor circulación del Perú, sacudiendo al gobierno. El bando de Yale respondió con una campaña de rumores contra Gutiérrez, acusándolo de vender los cráneos que su rival, Julio C. Tello, había recolectado. El impasse finalmente se resolvió cuando Erdis y los amigos empresariales de la expedición amenazaron con avergonzar al Perú en las páginas de National Geographic470. Erdis recibió un decreto del gobierno redactado precisamente «como para evadir la ley», que permitió que la colección entera viajara a Yale bajo la condición de que la expedición se encargara de regresarla al Perú transcurridos dieciocho meses, con una copia completa de los resultados del estudio 471 . Valcárcel siguió el asunto desde el Cusco y después registró su aprobación de la medida: tal como los objetos de Machu Picchu, los objetos de Vitcos le pertenecían al Perú 472 . Erdis partió el 3 de febrero, hastiado de los Andes. Las dos toneladas de huesos y tiestos siguieron su estela. Bingham desestimó todo el espectáculo como «¡una concesión al populacho para mostrar… cuán cuidadosos son los políticos respecto de los tesoros arqueológicos!»473. Pero en realidad las acusaciones de Gutiérrez eran aún más válidas que lo que él mismo creía. Aunque los tiestos y huesos de los alrededores de Patallacta habían sido cuidadosamente numerados, Erdis había estropeado la excavación en Vitcos. A diferencia de George Eaton, el osteólogo que le había dado tanto valor a las tumbas de Machu Picchu, Erdis no tomó apuntes detallados ni hizo 285
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