excavaciones y el contrabando que circulaban los indios alrededor de Ollantaytambo, exhortó a que el gobierno tomara cartas en el asunto. Alomía Robles había querido ser el monitor de la expedición, pero también sentía que estaba haciendo cumplir la ley peruana. Hubo un incómodo silencio. Los peruanos solo podían demostrar que la expedición había excavado sin autorización; no podían demostrar que Bingham y su gente hubieran encontrado oro y plata, comprado colecciones peruanas o que las hubieran sacado de contrabando del país. Más bien, lo que había llevado a la expedición a esta crisis era mucho más simbólico: la exclusión probablemente racista de Tello, la figura que representaba el futuro de la arqueología andina local. La caída libre de Bingham fue consecuencia tanto de prejuicios como de reglas incumplidas. La investigación había acabado, pero sin llegar a un fallo. Bingham no fue absuelto de los cargos ni se emitió juicio alguno. El fiscal Pancorbo explicó que ya que el Instituto Histórico de Valcárcel había iniciado un proceso legal —que efectivamente había demostrado que Yale había excavado sin licencia— «la justicia tendría que seguir su curso regular» y la investigación proseguiría. El gobierno todavía tendría que nombrar a un monitor que supervisaría las excavaciones de la expedición e investigaría las acusaciones de contrabando en la frontera sur del Perú. Todos salieron al frío anochecer del Cusco. Para levantarle el ánimo a Bingham, Hardy lo llevó al cine. Incluso eso fue un fracaso, pues entre el público había muchos alemanes que celebraban las victorias de su país en Europa. Los estadounidenses regresaron silenciosamente a su hotel y se fueron a dormir. Bingham cabalgó de vuelta a Ollantaytambo y paralizó la excavación. Estaba tan desalentado que limitó sus celebraciones del día siguiente, el 4 de julio, la fiesta de Independencia de los EEUU, a izar su bandera y jugar cartas, un pasatiempo que había evitado en todas sus expediciones hasta entonces, hasta la medianoche. Al día siguiente intentó zafarse de la melancolía haciendo una nueva expedición para realizar una última visita a Machu Picchu. Con el cuello de la camisa levantado para protegerse de una lluvia fuera de temporada, observó las ruinas, que eran casi invisibles debido a las lianas que ahora parecían ahogar también sus sueños. Pensaba que no regresaría, y se preguntaba si esto era lo más lejos que iba a llegar en su búsqueda de resolver los misterios de vírgenes, sacerdotes, conquistadores e imperios que había sido su obsesión durante los últimos seis años. 279
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