que la comisión de Valcárcel había denunciado a Yale ante la Corte Superior del Perú, acusándolos de haber violado los decretos que prohibían las excavaciones sin autorización y la exportación de objetos de cualquier tipo. Las entradas correspondientes a ese día en el diario de Bingham fueron lacónicas, pero es fácil imaginar su reacción ante la noticia. A diferencia de Estados Unidos, cuyo sistema legal se basa en las tradiciones inglesas del derecho consuetudinario, la ley peruana se basa en las tradiciones civiles del código napoleónico. Bajo el sistema peruano, un caso podía abrirse con una acusación. La acusación lleva a una investigación por parte de un fiscal. La persona bajo sospecha tiene una gran libertad en su defensa, pero el proceso puede proseguir sin mediar un juicio concluyente, tiempo durante el cual crímenes de los cuales no se sospechaba inicialmente podrían salir a la luz. Por ende, Bingham debe haberse sentido muy preocupado al enterarse de que Yale había sido acusado de contrabandear objetos de oro de Patallacta y Machu Picchu. Al consultar con Erdis, descubrió que Yale efectivamente había estado excavando sin permiso: en 1914 Erdis había visitado todas las agencias gubernamentales excepto aquella cuya aprobación necesitaba: el Ministerio de Justicia y Educación. «[P]or tanto, quizá hayamos estado efectivamente violando la ley al excavar, y las cosas se podrían poner color de hormiga si así lo desearan», se lamentó Hardy 442 . No era momento de atribuir responsabilidades. Bingham se negó a mostrarle los cajones de la expedición al soldado y envió una apresurada nota al prefecto en el Cusco, desmintiendo los rumores. Convocó entonces a la expedición para discutir «planes de guerra». Cuando Bingham se enteró de que la comisión de Valcárcel seguía en Ollantaytambo, mandó un soldado a buscarlo y, en una conversación cordial pero tensa, intentó dar explicaciones. Bingham admitió que habían excavado, mas no en Machu Picchu u Ollantaytambo. No habían encontrado nada de oro, tan solo un tupu de plata, dijo, y señaló que no habían exportado nada. La comisión de Valcárcel partió amistosamente, pero a la mañana siguiente Bingham se enteró de que aquella había encontrado cuatro cajones llenos de objetos que habían sido encargados a un agricultor de la zona, los cuales fueron confiscados como «evidencia». Bingham montó en cólera. Como escribió, en todos sus años como explorador, ningún latinoamericano había tocado «sus» colecciones sin su permiso. Partió para el Cusco inmediatamente, sin poder disfrutar de la vista del Valle Sagrado 273
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