adentro señor, hacia la selva», respondió el indio. Una tradición oral, quizá, que narraba la huida de Manco Inca a Vilcabamba 437 . Los indios también le dijeron a Valcárcel lo que creían que Yale estaba haciendo con las momias: las estaban reviviendo para apoyar un ataque al Perú por parte de Chile, su viejo rival 438 . Durante la década de 1910, los intelectuales y campesinos de los Andes meridionales se estaban volviendo cada vez más orgullosos de los incas, y se movilizaban y rebelaban en torno a su memoria. La idea de que los norteamericanos estarían resucitando a sus ancestros incaicos para que actuaran como enemigos del pueblo peruano era, por tanto, particularmente escabrosa439. Desde el punto de vista de los antiguos súbditos de Manco —que habían sido obligados a trabajar para los norteamericanos y quizá recordaban al niño que había muerto mientras trabajaba para la expedición— Bingham y sus hombres habían completado su transformación. Se cumplía lo que un escritor norteamericano posterior dijo sin ironía intencional: Bingham y sus seguidores parecían ahora «conquistadores sin espadas» 440 . Valcárcel no sabía qué creer. Al comienzo había rechazado los rumores de descubrimientos de oro que rodeaban a casi cualquier excavación. Pero el lunes 14 de junio llegó a Patallacta, las ruinas de las cuales Ellwood C. Erdis había extraído 200 cráneos y por lo menos media docena de momias. Valcárcel quedó escandalizado: parecía que Yale había estado excavando en gran escala y sin autorización, lo cual violaba la ley. Los rústicos pozos de exploración cavados por Erdis le parecieron «innumerables» hoyos a Valcárcel, además de que estaban pobremente rellenados y desestabilizaban los muros del sitio. Las piedras ya se habían empezado a caer de aquellos edificios que habían despejado de maleza y lianas. Más parecía una brutal búsqueda de tesoro que una excavación meticulosa. «Han hecho excavaciones en Patallacta como para no dejar un solo tiesto», escribió iracundo en su pequeño diario amarillo. «¡Más de 200 excavaciones!»441. Valcárcel y Yale tenían la misma noción de valor: todo era precioso, hasta el hueso más humilde, y Yale no había dejado nada para la siguiente generación de académicos. Y si las historias de las excavaciones de Yale habían resultado verdaderas, ¿qué sería del contrabando? ¿Qué más habría hecho Yale? Bingham y Hardy regresaron a «Yanquihausi» el 15 de junio. Antes de que se acomodaran del todo, un soldado del Cusco llegó para anunciarles 272
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