Las tumbas de Macchu Picchu

causa común en el Cusco; el varón de mayor parentesco con los incas originales portaba la borla real 12 . Contaban sus historias a los cronistas o las escribieron ellos mismos. Y a medida que pasó el tiempo, incluso quienes más habían odiado el gobierno de los incas lo llegaron a idealizar y a guardar la esperanza de que regresaran al poder 13 . En 1780, ese deseo se materializó cuando José Gabriel Condorcanqui, un noble rural de las serranías próximas al Cusco, asumió el nombre de Túpac Amaru II y se rebeló contra las autoridades coloniales. La represalia fue veloz y terrible, y sus consecuencias sobre la existencia de los incas en la sociedad peruana fueron duraderas. Condorcanqui también fue ejecutado en la plaza central del Cusco, pero en una forma mucho más brutal que la de su antecesor. Después de obligarlo a presenciar la ejecución de su esposa y parientes, los españoles ataron sus brazos y piernas a cuatro caballos, los cuales jalaron en direcciones distintas. Cuando no murió, los españoles lo decapitaron, desmembraron su cuerpo y enviaron las partes a los pueblos que lo habían apoyado. «Pero para quienes creían que Túpac Amaru era un Inca, su cuerpo no era el de un reo», escribe Alberto Flores Galindo, «sino más bien encarnaba a la misma nación de los indios»14. Para castigar a los incas nobles sobrevivientes —incluso a aquellos que habían apoyado a la Corona— los españoles intentaron quitarles sus títulos y vestimentas. Progresivamente, la única identidad indígena permitida en la vida pública era la del indio. Cuando el Perú ganó su independencia de España en la década de 1820, los incas perdieron incluso eso. Las élites costeras activamente despreciaban a los nobles indígenas. El liderazgo Inca duró algo más en el Cusco, pero para la década de 1840 el Estado costeño había erosionado tanto el valor de las identidades indígenas que los antiguos incas prefirieron casarse con europeos. Gradualmente perdieron rastro de las líneas que los vinculaban a una de las más grandes civilizaciones del mundo, el más extenso imperio indígena que Sudamérica hubiera conocido jamás 15 . En algunos rincones, sin embargo, su memoria perduraba. Tanto los sufridos indios como los mestizos y peruanos de ascendencia europea encontraron consuelo en las narraciones de sus riquezas y espíritu de independencia, de aquello que se había perdido pero que aún podría ser encontrado. 25

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx