Vitcos— pero era justo el tipo de interpretación imaginativa y literaria que tanto le gustaba a Bingham. Machu Picchu era la bella Dulcinea y él era Don Quijote, y estaba fascinado por la poética posibilidad de que fuera tanto la cuna como la tumba de los incas. En esta expedición, Hiram buscaría los puntos de referencia y senderos que demostrarían la validez de su postulado. La vanguardia había reportado la existencia de unos cuantos senderos que podrían conectar Ollantaytambo con Machu Picchu y Machu Picchu con Vitcos. Los demás miembros de la expedición trazarían mapas y excavarían, demostrando «con precisión todo lo que se logró en el hemisferio occidental en cuanto a progreso y civilización antes de que nuestros ancestros europeos se adjudicaran la continuación de la misión», declaró encantado un periódico de Boston. Bingham se enfocaría en determinar de una vez por todas la ruta de la huida final de Manco 425 . Al partir de Ollantaytambo, él y su equipo, guiado por el peruano Ricardo Charaja, debían tomar una decisión: seguir el camino del gobierno en el lado derecho del río Urubamba, tal como habían hecho tantas veces en el pasado, o cruzar un puente colgante y tomar un sendero que Bingham «frecuentemente había mirado con añoranza» 426 . Optaron por lo segundo, y al final de un día de camino llegaron a Patallacta («ciudad en el cerro»), donde Erdis y seis obreros indígenas ya estaban trabajando arduamente. Mientras Bingham exploraba aquel año, su ingeniero-arqueólogo estaría despejando maleza y levantando mapas de las ruinas cercanas a Machu Picchu, empezando con Patallacta. A diferencia del trabajo forzado de los años anteriores, los trabajadores de este año estaban ahí libremente, o por lo menos eso creyó Bingham. «En general, así es más fácil y agradable», le escribió Bingham a su esposa, añadiendo que ahora veía a los indios como «verdaderamente buenos ciudadanos… pacientes y constantes». Con esta ayuda, Erdis realizaría excavaciones ligeras para recolectar huesos y tiestos que podrían aclarar la cronología de la región. Lo que habían encontrado hasta entonces sugería que Patallacta era un sitio agrícola del periodo incaico tardío, cuyas terrazas podrían haber sido fuente de alimentos para Machu Picchu. Estaban los objetos usuales —agujas y alfileres de bronce, plata y hueso — pero los restos humanos les resultaban de mayor interés. De una cueva, Erdis extrajo 200 cráneos y por lo menos media docena de momias, una de las cuales estaba cubierta de tela marrón y azul, que parecía estarse arañando la cara, como si hubiera quedado paralizada en medio de un 264
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