actualmente con otro nombre: Machu Picchu. Después de concluir que Machu Picchu era Tampu Tocco, el legendario lugar de origen de la civilización incaica, Bingham había elaborado una cronología tentativa para el sitio. Postulaba que los antecesores de los incas habrían empezado a construir ahí alrededor de 200 DC, y que ocuparon el sitio durante ochocientos años. De entre esos predecesores surgió «el primer verdadero Inca», quien construyó el templo de las tres ventanas en conmemoración a sus orígenes. Sin embargo, Bingham estaba intrigado por la cerámica incaica tardía y la cuenta de vidrio europea encontradas en las ruinas. ¿Habían los incas habitado Machu Picchu durante la conquista española o poco después? ¿Cuándo abandonaron Machu Picchu? El osteólogo George Eaton ofreció entonces lo que Bingham creyó ser la clave. Después de estudiar los ceramios y huesos de Machu Picchu durante casi dos años, Eaton declaró que provenían de diversas partes de los Andes, lo cual reflejaba la práctica incaica de reclutar pueblos subyugados como yanaconas, sirvientes especializados de la nobleza. Bingham estaba más fascinado con el segundo hallazgo de Eaton, sin embargo: quizá 150 de los 173 restos humanos de Machu Picchu eran femeninos, como si los últimos habitantes de la ciudad hubieran sido mayormente mujeres y unos cuantos hombres nobles. El hallazgo de Eaton inmediatamente le hizo recordar a Bingham el relato que lo atrajo a la historia inca en 1909 en la Cuna de Oro, Choqquequirau, según la cual la última ciudad de los incas había sido el último lugar de reposo de los sacerdotes y las así llamadas vírgenes del sol, las mujeres que desde temprana edad servían a la religión incaica y que supuestamente fueron desapareciendo lentamente durante la conquista española. Con entusiasmo desconcertante, Bingham febrilmente entretejió las pistas: la increíble preservación de Machu Picchu, la mayor proporción de mujeres. ¿Se había dirigido Manco Inca a Machu Picchu después del saqueo español de Vitcos, para ampliarlo y darles refugio a sus funcionarios religiosos? Tal como lo formuló para sus lectores de National Geographic aquel febrero, «¿Es acaso posible que en Machu Picchu estén las ruinas de Tampu-tocco» —el legendario lugar de origen de los incas— «y también las ruinas de Vilcabamba la Vieja, la ciudad sagrada de uno de los últimos incas y hogar de sus mujeres y sacerdotes?» 424 La teoría era un poco forzada —tenía poco sentido que Manco estableciera su último reducto en un lugar más próximo al Cusco que 263
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