Las tumbas de Macchu Picchu

contactos, entre los cuales estaba el arqueólogo peruano Julio C. Tello 419 . Su nombre era ‘Yanquihausi’ [sic.], casa de los yanquis, en quechua agringado. Bingham se mantuvo en la cresta de esta ola de elogios al llegar al Cusco, ciudad que había cambiado considerablemente en los últimos tres años. Ahora era literalmente más brillante de lo que Bingham recordaba, pues había llegado la iluminación eléctrica. Una estatua de un indio se erigía en la plaza de armas, no de un Inca sino de un indio norteamericano que Albert Giesecke, el estadounidense rector de la universidad, había adquirido de una fundición de Filadelfia420. La universidad del Cusco invitó a la expedición a la inauguración formal del año académico. El nuevo cirujano de la expedición se maravilló ante la ceremonia organizada por los peruanos. «¡Encajes de oro, espadas, sombreros altos y bastones! ¡Qué grandes faroleros!» 421 Luis E. Valcárcel, el ex estudiante cuya vida había sido cambiada por el descubrimiento de Machu Picchu, agasajó aun más a Bingham al hacerlo miembro honorario del Instituto Histórico del Cusco422. Bingham compartió el honor, sin embargo, con alguien que representaba el reverso de la relación del Perú con Estados Unidos: el otro nuevo miembro honorario era el afamado etnomusicólogo Daniel Alomía Robles, que había compuesto la música de la opereta El cóndor pasa, la cual representaba la lucha entre los trabajadores indígenas de una mina y los dueños norteamericanos423. Era un héroe cultural peruano y un opositor de la percibida explotación estadounidense. Bingham descubriría más de las simpatías de Robles poco después. Por el momento, él y Checkers estaban parados en la cima de Ollantaytambo, donde hacía cuatrocientos años Manco Inca había obtenido su última gran victoria sobre los conquistadores. Manco le había dado la espalda a las tierras de su padre en el valle sagrado del Yucay para dirigirse río abajo, donde el recto y apacible Vilcanota se convertía en el serpenteante y poderoso Urubamba, comarca donde yacía su futuro. Ahí, donde se encontraban los Andes y la Amazonía, Manco fundó Vilcabamba la Vieja. Los indios del río Vilcabamba creían que la última capital de Manco estaba en Espíritu Pampa, la pampa de los espíritus. Mas Bingham no estaba tan seguro. El otoño pasado había propuesto una teoría propia, según la cual Vilcabamba la Vieja sería conocida 262

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