Las tumbas de Macchu Picchu

poder, y que el magistrado probablemente no querría vender. Hardy encontró la vara y la escondió bajo su cama. «No me gusta haberle robado la bendita cosa al gobernador, puesto que ha sido un tipo bastante decente», le escribió en una carta a Bingham, pero «dada la dificultad para obtener tales objetos, sería una adición algo rara a la exhibición sudamericana en Peabody»414. Los archivos no muestran que Bingham haya comentado sobre el dilema de Hardy. Fue la manifestación más franca de cualquier expedicionario en torno las tentaciones de Yale en Perú. Pero el diario de Hardy revela que sus intenciones estaban siendo sometidas a escrutinio también. Una semana y media atrás, una lección sobre la palabra viracocha —un caballero de ascendencia europea— tuvo un giro curioso. Hardy se enteró por medio de su tutor que los indios de los alrededores del Cusco decían que la expedición de Yale estaba recolectando cráneos indígenas para «hacerlos hablar»415. Hardy podría haberse reído. De cierta forma, hacer que los cráneos revelaran sus secretos era exactamente el objetivo de Yale. Sin embargo, el quechua del graduado de Yale todavía no era suficientemente bueno como para entender la implicancia completa de la historia. Después de la ejecución del primer Túpac Amaru en 1572, los indios del Perú empezaron a contar la historia de cómo los españoles habían ejecutado al Inkarrí, o Inca Rey, y después llevaron su cabeza a Lima, donde siguió hablando. Era la posesión española de la cabeza del Inca lo que les daba su riqueza y control sobre los pueblos indígenas del Perú. Cuando esa cabeza retornara, los indios del Perú gobernarían una vez más. En un giro histórico increíble, el estudio de Yale sobre el pasado incaico había hecho que la expedición pasara a formar parte de la leyenda incaica. Bingham había estado explorando el corazón de la herencia y resistencia incaica por casi seis años, pidiéndole a los indios pistas para dar con los últimos refugios de Manco Inca, Titu Cusi y Túpac Amaru, los últimos emperadores. Durante esas excursiones había estado acompañado de soldados y agentes del Estado peruano. Los indios hicieron una conexión lógica: que Bingham y el Estado peruano estaban aliados, y que estaban recolectando los huesos de los incas para algún propósito político más amplio. 257

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