Las tumbas de Macchu Picchu

Bingham estaba furioso —el doctor estaba faltando a su contrato— pero Erdis vio una oportunidad. Le dio a Meserve los objetos en «17 sobres y paquetes» para que los llevara donde Bingham en su baúl personal406. Bingham se había vuelto amigo del director de aduanas en Mollendo — incluso le envió ejemplares de su famoso artículo en National Geographic — así que era improbable que revisaran el equipaje de Meserve407. Al desafiar la prohibición de exportación, la expedición de Yale, así como Alvistur, estaba ahora cometiendo el delito del contrabando —en una escala pequeña, pero contrabando al fin—. Erdis repetiría el truco en noviembre, cuando envió de vuelta a Yale al topógrafo de la expedición con dos cráneos y medio más un ídolo de cerámica roto en un «buen baúl de acero» 408 . Aun así, al mandar los objetos de contrabando a New Haven, la expedición los estaba poniendo en riesgo. A mediados de octubre, Meserve le escribió a Bingham informándole que todo lo que estaba en su equipaje, incluyendo «lo que el señor Erdis me había dado, consistente de varios de los mejores descubrimientos de la expedición» se había hundido con su barco en el puerto de Nueva York 409 . El día anterior, un carguero de 8000 toneladas había salido de la niebla del canal de Ambrose y se estrelló con el buque de Meserve, el Metapan de 5000 toneladas de la United Fruit Company; curiosamente, el mismo barco que había llevado a Bingham de vuelta a Nueva York en 1911 con las primeras noticias de Machu Picchu. Los pasajeros fueron rescatados, pero el cargamento —una muestra del consumo estadounidense de productos latinoamericanos en esa época— seguía en duda: medio millón de dólares en barras de oro de Colombia, sesenta mil sacos de café, veintisiete mil bultos de plátanos, y no una, sino dos colecciones de objetos. Uno de los compañeros de viaje de Meserve era el imitador de Bingham, el capitán Besley, que volvía del Perú con su propia colección 410 . Besley permaneció en el barco junto a su colección —y se aseguró de que el New York Times se enterara de ello— pero Meserve no, lo cual indignó a Bingham. «Ruego que el baúl se salve, tanto por su bien como por el nuestro, puesto que las cosas que el señor Erdis le confió son naturalmente irremplazables», le escribió Bingham a Meserve. Afortunadamente, Meserve se enteró de que su baúl también había sido 255

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