Las tumbas de Macchu Picchu

arriero peruano en quien más confianza depositaban, se encontró con una curiosa colección de objetos dispersados en un pequeño cerro bajo un glaciar a 4750 metros: una porra de madera, un pequeño cráneo de animal, un bote de madera tallado y un «sol» de plata roto. Charaja llamó al resto de la expedición, y juntos encontraron aún más piezas del sol de plata, un sol de bronce, un cuchillo de bronce de hoja grande, un alfiler de mantón de bronce, siete discos de bronce, un peto de bronce «con hoyos alrededor del borde y una cara hecha de huecos en el centro», y finalmente, un «círculo de oro, marcado y perforado» de dos centímetros, la única pieza de oro que encontró la expedición402. Bingham se alegró mucho al enterarse403. ¿Qué significaba la colección? El nombre quechua del sitio daba una pista: Inca Churisca, o en español, Inca congelado. Bingham después especuló que la ubicación del descubrimiento al filo del glaciar parecía «indicar que algún Inca había sido enterrado o se había perdido en el hielo», después de lo cual se había desbarrancado cuesta abajo 404 . Esta suposición se ha ido reforzando con el paso del tiempo. En la década de 1990, el arqueólogo de altura Johan Reinhard y su colaborador peruano Miguel Zárate hicieron una emocionante serie de descubrimientos en los picos de los más altos glaciares del Perú: súbditos incaicos sacrificados a la montaña, envueltos de sus mejores galas y ofrendas. Su pista fue, al igual que el descubrimiento de Charaja en 1914, un bulto de momia que se había desprendido de un glaciar 405 . Era un «descubrimiento maravilloso», pero uno que, al igual que sucedió con los objetos especiales encontrados en Machu Picchu, Erdis mantuvo oculto de los funcionarios y académicos peruanos. Ya que lo último que la expedición quería era un monitor peruano, el oro y la plata fueron mantenidos en secreto. Con el fin de la temporada cada vez más cerca, sin embargo, persistía la pregunta: ¿qué hacer con los objetos? Erdis temía que el gobierno peruano confiscaría la colección si se enteraban de ella. Por la misma razón, Erdis no la podía mandar de vuelta a Yale por vías oficiales. Permanecieron en cajas en un almacén en el Cusco hasta setiembre, cuando el cirujano de la expedición, el doctor Edwin Meserve, adelantó su retorno a Estados Unidos. La expedición se había enterado del asesinato del archiduque Francisco Fernando y del inicio de la Primera Guerra Mundial; Meserve partió para enrolarse con los británicos. 254

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