el amigo de Bingham en el Instituto Histórico de Lima, pero más bien se encontró con un antropólogo de piel oscura, cabello negro peinado para atrás y lentes de búho. Era el mismísimo Julio C. Tello, el académico indígena peruano que le había mandado a Hiram Bingham el artículo de Carlos Romero sobre Choqquequirau y Vitcos cuatro años atrás. Tello había avanzado mucho desde que Bingham rechazó incluirlo en su primera expedición. Después de obtener su maestría en antropología en Harvard —probablemente el primer peruano en hacerlo— había explorado las increíbles colecciones peruanas de Europa. Le resultó sorprendente cuánto había partido de su país en el último medio siglo. Tello regresó al Perú en 1913. Fue el momento más oportuno. El país seguía irritado por la concesión de Yale, y el gobierno le dio la dirección del nuevo museo arqueológico del país. Era, quizá, la primera vez en la historia peruana que a un peruano indígena, no a un europeo, se le encargaba coleccionar y reconstruir el pasado nacional. Tello le dio a su administración un filo político. Esperaba que el museo ayudara a luchar contra el tráfico ilícito de antigüedades, y se «unió» a la expedición de recolección de cráneos peruanos antiguos organizada por la Smithsonian y liderada por Aleš Hrdlička, el «zar de los cráneos» que argüía que los americanos indígenas tenían una breve historia en el hemisferio. Para sorpresa de pocos, no se llevaron bien396. Hrdlička concluyó que Tello era un «peruano para los peruanos». En 1915 le advertiría a Bingham que no dejara que nombraran a Tello como «acompañante» de la expedición 397 . En 1914, sin embargo, Bingham sabía poco de las simpatías de Tello, y su agente, Erdis, procedió en la misión de paz. Después de darse la mano con curiosidad mutua, Erdis le entregó la ofrenda que Bingham le había encargado: una «caja de objetos de Machu Picchu», a los cuales Erdis se refería en otros pasajes de su diario como «bronces». Apreciando el gesto, Tello ofreció ayudarle a obtener permiso para que el equipamiento de Yale pasara por aduanas398. Para Yale, devolver algunos de los bronces de Machu Picchu podría haber sido un gesto de reconciliación, y posiblemente un intento de prevenir que surgieran sucesivos llamados por el retorno de los objetos de Machu Picchu. Para Tello, sin embargo, el paquete de bronces sugería que Yale reconocía el reclamo peruano sobre su pasado material. El hecho solo podría haber 252
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx