del fundador de los jesuitas, la orden religiosa que estaba convirtiendo a muchos indígenas en el Nuevo Mundo. Encontraron e interrogaron al jefe de los aliados selváticos del Inca hasta que les reveló que Túpac Amaru había partido hacía tan solo cinco días, remando en una canoa con dirección al mar. Iba retrasado porque su «mujer de Topa Amoro iba temerosa y triste por ir en días de parir, y que él mismo, como la quería tanto, le ayudaba a llevar su hato, y le aguardaba, caminando poco a poco». El jefe rechazó la recompensa que García de Loyola le ofreció, «diciendo que fuera grandísima traición que hiciera a su señor» 8 . García de Loyola y sus hombres marcharon día y noche, iluminados por antorchas, a lo largo de unos ochenta kilómetros. Durante la travesía remontaron ríos y caídas de agua, luchando muchas veces por sus vidas. Los insectos de la Amazonía les mordieron, picaron y pusieron huevos en sus pieles. De haber descansado, habrían fracasado. Cuando se acercaban, Túpac Amaru le rogó a su esposa que huyeran juntos en canoa. De haber ella accedido, hubieran podido huir río abajo por el Amazonas. Los cronistas españoles cuentan que las aguas abiertas le aterrorizaban, sin embargo, y que Túpac Amaru se rehusó a abandonarla. Los españoles encontraron a la pareja tratando de calentarse al lado de una fogata, con la cual también intentaban alumbrarse. El último emperador de los Andes se rindió en las profundidades de la selva, y Loyola lo llevó de vuelta a la ciudad de Vilcabamba, desde donde subieron por la gran escalinata, valle afuera. Si el joven Inca miró hacia atrás a su ciudad, el refugio de su padre, o si miró hacia adelante, preparándose para el futuro, no ha quedado registrado para la historia. El 21 de setiembre, la expedición regresó al Cusco. García de Loyola paseó a Túpac Amaru alrededor de la plaza, llevándolo con una cadena dorada alrededor del cuello. La mascapaycha todavía estaba sobre la cabeza del joven emperador. Cuando pasó por la ventana del virrey Francisco de Toledo, el representante colonial del rey de España, el Inca se rehusó a quitarse la borla, por lo cual Loyola lo golpeó dos veces 9 . Las iniquidades continuaron. El virrey quería deshacerse de Túpac Amaru. En una farsa de juicio, los funcionarios de Toledo acusaron al emperador del asesinato de los españoles en su reino y lo sentenciaron a muerte. Tanto los nobles españoles como los incaicos se quejaron por el duro castigo, pero Toledo se mantuvo implacable. Túpac Amaru fue 23
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