Las tumbas de Macchu Picchu

Bingham había parado. Un periódico sugirió que Machu Picchu «quedaba reducido a la insignificancia» frente a su propia colosal ciudad, Plateryoyoc373. Fue entonces que Bingham supo que se trataba de un fraude — Plateryoyoc era el El Dorado del Perú— pero de todas maneras se sintió amenazado374. Gilbert Grosvenor atizó su espíritu de arqueólogoexplorador diciéndole que estaba en una carrera similar a la del Polo Sur, solo que el premio era descubrir el pasado precolombino de América. «Alguien va a resolver el misterio de estos pueblos antiguos», escribió. «Seamos los primeros en hacerlo» 375 . El editor puso el dinero de National Geographic a su disposición para un retorno inmediato: veinte mil dólares —casi $450 000 en dinero actual— para no uno, sino dos años de trabajo continuo en Perú. A cambio, Bingham prometió dos artículos espléndidos más y despachos mensuales que National Geographic podría transmitir a la prensa. La única pregunta que quedaba era: ¿el Perú lo querría de vuelta? Para lidiar con las dificultades del año anterior, Bingham planificó una expedición de dos fases. En 1914, una vanguardia de seis hombres dirigidos por el minero de oro Ellwood C. Erdis viajarían al Perú esa primavera para «hacer trabajo de prospección y mapeo» de las ruinas de la región. En 1915, Bingham mismo regresaría al Perú para anunciar la creación de una «escuela o centro arqueológico» semipermanente cerca del Cusco, donde peruanos y estadounidenses podrían investigar codo a codo, y donde permanecerían los descubrimientos de Yale376. No había «sentimientos contra los extranjeros que quieran realizar trabajo antropológico de primera mano ahí, siempre y cuando dejen lo que encuentren en el país», explicó 377 . Alentadoramente, el plan de Bingham recibió la aprobación del gobierno peruano. Un golpe militar conservador había derrocado al progresista presidente Billinghurst, y había dispuesto que Yale pudiera regresar, siempre y cuando obtuviera el permiso requerido por los ministerios en Lima. Para Bingham —quien había pensado que jamás regresaría al Perú — esta era una victoria. Lo puso de un humor tan generoso, que el 14 de abril, cuatro días antes de que su gente partiera, el explorador dictó una larga carta a un miembro del Instituto Histórico de Lima. Bingham explicó las acciones pasadas de Yale y sugirió que el Perú interpretara la cláusula 244

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