de historietas competían con ficciones especulativas para ganar la atención del público. En 1912, mientras Bingham excavaba Machu Picchu, Sir Arthur Conan Doyle publicó The Lost World. Cuando Curtis C. Farabee, el antropólogo que le dio a Bingham su mapa de ruinas en las orillas del Urubamba, partió para Sudamérica a inicios de 1913, un periódico especuló que estaba buscando la meseta poblada de dinosaurios de Conan Doyle 368 . El descubrimiento de Bingham cambió la vida del explorador británico Percy Fawcett, quien dejó de levantar mapas de las fronteras de Bolivia para explorar la Amazonía brasileña en busca de una monumental ciudad perdida que llamaba Z, ciudad que murió buscando una década más tarde 369 . Revirtiéndose los papeles, el héroe de Bingham, el ex presidente Theodore Roosevelt, estaba metido también en su propia aventura sudamericana. Después de postular con un partido independiente y perder las elecciones de 1912, Roosevelt partió para Sudamérica en octubre de 1913, en un viaje cuyo único requerimiento era no ser el «milésimo estadounidense que visitara Cusco»370. Roosevelt se sumergió en la Amazonía brasileña junto al coronel Cândido Mariano da Silva Rondon para mapear el curso del misterioso Rio da Dúvida, el Río de la Duda. «… [S]i es necesario que deje mis huesos en Sudamérica, estoy bastante dispuesto a hacerlo», explicó Roosevelt 371 . Cuando Roosevelt regresó en mayo de 1914, demacrado y medio muerto, el New York Herald y el New York Sun le consultarían a Bingham, «la más preclara autoridad en este país en cuanto a Sudamérica», para confirmar la aseveración que había hecho el ex presidente de haber explorado un nuevo río de casi mil seiscientos kilómetros de largo. Aceptando el honor, Bingham dijo que no veía ninguna razón para cuestionar la palabra del ex presidente, su héroe 372 . Bingham fue mucho menos generoso cuando se enteró de que el capitán J. Campbell Besley, un explorador británico de cabellera entrecana, declaró al New York Times que había descubierto no una, sino «tres maravillosas ciudades de los incas en las junglas salvajes donde no había estado ningún hombre blanco antes». También había encontrado los fémures y caderas de dos exploradores supuestamente «asesinados y consumidos por caníbales». Aprovechándose de Yale descaradamente, Besley dijo que había empezado a explorar a partir del punto donde 243
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