del hemisferio: «que los yanquis son egoístas y buscan beneficios nacionales y personales» 359 . No obstante, Bingham seguía siendo conocido sobre todo como un romántico explorador de ruinas incaicas. Sus charlas atraían a centenares de estudiantes que esperaban poder ver al distinguido y apuesto historiador360. Después de una charla, un amigo le bromeó a Bingham, «¿Sabías que acá no solo causaste gran impresión entre los hombres, sino entre las damas también?»361. No toda la atención era bienvenida. Bingham llamó a la policía por un energúmeno que se aparecía constantemente en sus charlas; sus bolsillos resultaron estar llenos de balas362. En el otoño de 1913, le escribió al editor del Ladies’ Home Journal para quejarse de un cuento potencialmente difamatorio que tenía como protagonista a un desagradable, vanidoso y alto egresado de Yale llamado Hiram Bingham 363 . Bingham recibió cartas en que le animaban a que considerara la teosofía, la corriente de pensamiento que atraparía a otro explorador de Sudamérica, Percy Fawcett, con sus enseñanzas de que la humanidad moderna se había desarrollado en Atlantis364. Hiram más bien se uniría a una sociedad masculina más secreta y con más ambiente de club, los masones. «¡Cuán rápidamente estás escalando las cimas de la fama!» se maravilló la tía de Bingham, quien esperaba que pronto tuviera el título de «vicepresidente, ¡quizá un paso hacia el de presidente de Estados Unidos!»365. Era suficientemente reconocible entre los lectores como para que un semanario comentara «Podrás asesinar a tu tío y enterrarlo en el sótano. Pero algún día, dos mil años después, un descendiente del profesor Hiram Bingham de Yale descubrirá su cráneo»366. En diciembre de 1913, Bingham recibió el cumplido más surrealista de todos: el rol de Cristóbal Colón en las festividades del Día de Acción de Gracias de New Haven 367 . Con sus 1,93 metros, portando las vestiduras de un aventurero del siglo XV, Hiram Bingham asumió una pose heroica y «descubrió» el Nuevo Mundo y sus habitantes indígenas para deleite de sus vecinos. La declaración de Bingham de que no regresaría al Perú resultó inoportuna. Al otro lado del Atlántico, el interés por explorar Sudamérica explotó a mediados de la década de 1910. Verdades que parecían salidas 242
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