Las tumbas de Macchu Picchu

las maravillas», llegó al millón de lectores. Era una sinfonía de ruinas prístinas y de aventuras estadounidenses salidas de historieta. Disimulando el fiasco de la concesión, Grosvenor declaró al presidente de Yale que las revelaciones de Bingham eran «las más importantes hechas en Sudamérica desde que América fuera descubierta» 351 . Tal como lo presentó la revista, el eximio explorador norteamericano había encontrado la mismísima cuna de la más grande civilización indígena de América. El artículo fue una sensación internacional, y apareció en diarios de Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania. Los afiebrados sueños de las novelas baratas se habían vuelto realidad. El New York Times le dedicó toda la portada de su revista dominical a la «Ciudad perdida en las nubes», describiendo la revelación de Bingham como «el más grande descubrimiento arqueológico de esta era». En una época en que «no hay nada nuevo bajo el sol», el Times declaró que «un miembro del temerario gremio de los exploradores ha tenido mucha suerte, verdaderamente tanta suerte, que se le podría perdonar a sus cofrades por rechinar los dientes de disgusto y ponerse verdes de envidia». Bingham tuvo «la magníficamente buena fortuna de descubrir una ciudad entera… un lugar de espléndidos palacios y templos y sombrías murallas perimétricas… Lo llama Machu Picchu»352. La historia desafiaba creencias racistas que sugerían que los pueblos indígenas de América eran incapaces de construir imperios y poblados. Asimismo, también alimentó todo tipo de teorías disparatadas y solapadamente racistas —de que los incas fueron inspirados por los egipcios, que provenían de Asia o Atlantis—, las cuales implicaban que los americanos nativos no podrían haber sido capaces de construir un imperio sin ayuda externa353. Lectores inspirados compusieron poemas sobre el «Castillo de Tres Ventanas» de Machu Picchu y empezaron a escribir guiones cinematográficos sobre el «Romance del tiempo de los incas» 354 . El género de la ficción popular que trataba de «razas perdidas», y que estaba repleto de ciudades perdidas e incas, resucitó brevemente. En los años siguientes, el niño héroe estadounidense Tom Swift descubriría un mundo perdido mientras excavaba un túnel ferroviario en los Andes; el autor del Fantasma de la Ópera, Gaston Leroux, mandaría a dos estadounidenses al Perú a salvar a una heredera española de ser sacrificada al dios solar inca; y en The City in the Clouds, un explorador 240

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