Las tumbas de Macchu Picchu

civilización incaica, Machu Picchu era «el sitio arqueológico más importante del continente sudamericano». No entró en detalles en cuanto a qué más encontró la expedición aparte de cráneos y huesos, pero ello no impidió que el New York Times especulara que la universidad había encontrado varias tabletas de bronce que podrían dar luces sobre los habitantes «originales» de América: una aparente referencia a la historia fundacional del mormonismo, el proclamado descubrimiento por Joseph Smith en la década de 1820 de unas tabletas doradas que describían la visita de Jesús a los pueblos nativos de América. Al parecer, algunos estadounidenses todavía asociaban a Bingham con el legado religioso de su familia, y deseaban encontrar un origen cristiano en el corazón de la historia indígena de América 342 . La religión ya no era parte de la narrativa de Bingham, sin embargo; las investigaciones de Yale en torno a la historia del hemisferio eran una cuestión de ciencia pura, explicó él. En contraste, los intentos peruanos de impedir la exportación de sus objetos eran francamente incivilizados. «Nunca había escuchado de un gobierno sudamericano que ponga obstáculos a que la gente explore», declaró 343 . No entró en detalles, pero tildó al decreto final del gobierno como «lo más insultante que podría haber». La expedición había triunfado, pero quizá nunca regresaría al Perú. La prensa vitoreó. Su historia haría «un excelente thriller para el cine», con suficiente «material para cuando menos 1800 metros de rollo» 344 . La noticia provocó un pequeño debate en torno a la propiedad de la historia. Un periódico de Milwaukee rechazó las objeciones del Perú, aduciendo que la élite actual del Perú no era descendiente «de los aztecas», sino de los conquistadores. «No es que sean píos descendientes que claman “¡No profanarán las tumbas de nuestros ancestros!”». El Christian Science Monitor, que conocía la diferencia entre Perú y México, estaba en desacuerdo. El Monitor simpatizaba con el deseo de Perú de proteger y excavar sus propios tesoros, siempre y cuando realmente lo hicieran 345 . Bingham también debía defender a Yale de la acusación de haber querido establecer un monopolio. Sus enemigos en Lima habían telegrafiado noticias de las acciones de Bingham a Harvard, el Smithsonian y a colegas en el Reino Unido y Alemania346. En público, Bingham declaraba que había intentado que la concesión incluyera a todas las instituciones estadounidenses y que, de no haberla aceptado tal como 237

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