Capítulo 16 ENTRE LOS POLOS Al comienzo, el viaje de Hiram Bingham de vuelta a Estados Unidos al concluir la expedición de 1912 tuvo un sabor amargo. Al regresar al Perú le había asegurado a Yale que podría excavar y exportar objetos por varias décadas. En cambio se vio obligado a retirar la concesión cuando esta fue condenada públicamente. Además, había tenido que retractarse de su aseveración de que Yale había descubierto huesos pre glaciales. Para colmo de males, había podido exportar los objetos de Machu Picchu tan solo con la condición de que los devolvería cuando el Perú los pidiera de vuelta. Hiram no iba a hacerse responsable, sin embargo. Se sentía injustamente maltratado, no culpable. Al regresar a Estados Unidos, Bingham orquestó una cortina de humo en los medios. Aprovechando el aire de romanticismo que rodeó la revelación del descubrimiento de Machu Picchu el año anterior, provocó en la prensa un frenesí por el maltrato que los exploradores estadounidenses recibieron por parte de Perú. Los titulares lo decían todo: «Hostilidad peruana hacia científicos llegados después de pasar privaciones»; «Perdidos en las nubes después de excavar en la ciudad perdida»; «Ministerio del Perú objeta la exploración norteamericana: el director de la expedición de Yale teme que el descuido gubernamental destruya los trabajos de la ciudad inca enterrada»; y, la más florida, «Se enfrenta a la muerte para excavar cráneos humanos de 60 000 años de antigüedad: arqueólogo de Yale trae 30 cráneos y 100 cabezas de ciudad incaica en el Perú —dejado por muerto por sus guías— y acusa al gobierno latinoamericano de mala fe y de intentar confiscar sus muestras»341. Bingham puso como temas centrales de la campaña mediática la excavación de la «ciudad encantada» de Machu Picchu y el pleito en torno a sus objetos. Argumentó que, al ser supuestamente la cuna de la 236
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