«bastardo y apóstata»336. La legitimidad recaía en Paullu, el Inca que había tomado partido por la corona española. Según un sacerdote español que estuvo presente, una de las hijas de Manco, María Cusi Huarcay, dedujo que la intención de Toledo era echar por tierra las bases de las pretensiones independentistas de su familia. Increpó a Toledo, condenando el que la legitimidad fuera determinada en base a la colaboración con los colonizadores, y no por la historia y la sangre. Su padre y hermanos eran los justos gobernantes del reino, no unos usurpadores. La discusión entre doña María y Toledo, posiblemente más que cualquier otro incidente de la conquista, sintetizó lo que estaba en juego cuando Manco huyó para Vilcabamba: era un debate en torno a la naturaleza injusta de la conquista española y la forma en que la historia incaica sería contada. Toledo estaba decidido a asegurarse de que Vilcabamba cayera en el olvido, sus justos reclamos obliterados y sus rebeldes convertidos en villanos. Legitimaría el gobierno español al reescribir el pasado incaico y destruir sus actuales símbolos de independencia. En el corto plazo ganó Toledo. Los cuarenta y tantos incas que asistieron comprendieron que esta nueva historia constituía una prueba de su lealtad y, pese a las protestas de doña María, la avalaron como verídica. Después de enviar la nueva historia a España, Toledo se dispuso a esperar a que los incas cometieran un error que le diera una causa para hacerles la guerra 337 . La muerte del enviado le dio la justificación que necesitaba. El 14 de abril de 1572 le declaró «fundamento guerra al Inca, como apóstata, prevaricador y homicida, rebelde y tirano». Una «guerra a sangre y a fuego» que el capitán de su guardia, el joven Martín García de Loyola, sobrino del fundador de la orden jesuita, llevaría a cabo con tanta fiereza338. De vuelta en la jungla, Túpac Amaru levantó sus brazos hacia el cielo y dirigió el culto de sus seguidores, rezando que el sol, su dios, protegiera la última ciudad de los incas. Ante él estaban sentadas las momias de su padre, Manco, y de su hermano, Titu Cusi, quienes habían luchado contra los españoles y negociado por la independencia de los incas hasta donde pudieron. Lamentablemente, había llegado la hora. Llegaron García de Loyola y su expedición a Vilcabamba y llevaron a Túpac Amaru, Manco y Titu Cusi a Cusco. Mataron a Túpac, y su cuerpo, con los de su padre y 231
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