Las tumbas de Macchu Picchu

hermano, fueron desmembrados, dispersados, quemados o perdidos poco después, y Vilcabamba desapareció en las montañas. Al final sería la versión incaica de la historia la que se impondría. La ejecución de Túpac Amaru irritó al rey Felipe II, y cuando el virrey retornó a España fue encarcelado —ostensiblemente por no sanear las finanzas del Perú— y murió en prisión. Martín García de Loyola se casó con la heredera incaica Beatriz, la hija de Sayri Túpac —un momento que fue inmortalizado en un cuadro que aún cuelga en la iglesia jesuita del Cusco — pero el rey le denegó el permiso de añadir la cabeza de Túpac Amaru a su escudo. García de Loyola murió en Chile en 1598, cuando trescientos indios araucanos a caballo aniquilaron su campamento. Su cráneo fue usado como recipiente para beber 339 . Uno de los más grandes exponentes del argumento de que la destrucción de Vilcabamba fue injusta fue el escriba indígena llamado Felipe Guaman Poma de Ayala. Nacido alrededor de 1550, Guaman Poma había pertenecido a la nobleza indígena, y él o un miembro de su familia estuvo presente en la ejecución de Túpac Amaru. No obstante, las cortes españolas le quitaron sus propiedades en 1600, desalojándolo de sus tierras patrimoniales. De ahí en adelante se dedicó a redactar una crítica del régimen colonial de 1200 páginas, su Nueva corónica y buen gobierno, la cual envió al rey de España en 1615. La llenó con sus propias ilustraciones de línea fina, que representaban costumbres funerarias precolombinas y la cultura incaica. Pero era más notable por cómo sus imágenes y argumentos documentaban el maltrato que los españoles le dispensaban a sus súbditos indígenas y a los incas durante la rebelión de Manco y la ejecución del joven Túpac Amaru340. El trabajo era complejo: pro andino pero cristiano; y, sobre todo, constituía un llamado para el establecimiento de un gobierno indígena y un rechazo del mundo que Toledo había construido. El tratado jamás llegó a las manos del rey; más bien se perdió en la real biblioteca danesa, donde quedó sin estudiar por siglos. En 1908, un académico alemán lo resucitó, tan solo pocos años antes de que las expediciones de Hiram Bingham iniciaran un nuevo debate en torno al significado que las últimas ciudades incaicas tenían para el Perú y otros países del hemisferio. ¿Eran las ciudades de Manco una muestra de un imperio americano perdido, pero de gran sofisticación cultural? ¿O eran un símbolo de la continua resistencia indígena a la dominación externa? ¿Le 232

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