Las tumbas de Macchu Picchu

Erdis le entregó a Bingham el mapa de diez pliegos que habían levantado de las ruinas, y durante la siguiente semana, entre lluvias cada vez más frecuentes, el ingeniero llevó al explorador por Machu Picchu edificio por edificio, mostrándole que los complejos del sitio estaban organizados en conjuntos: casas unidas con una única entrada principal que podría ser «cerrada con llave» con una combinación de aros de piedra, barras y puertas de madera que se habían descompuesto hacía mucho tiempo. Bingham bautizó uno como el «Conjunto del Rey» y otro como el «Conjunto de la Princesa». Bingham vio señas de defensa en todas partes: precipicios de 300 metros, un foso, dos paredes fuertes, estaciones de señales. Las angostas calles, fuentes escalonadas y más de cien escaleras daban la impresión de una comunidad muy animada y alimentada por centenares de terrazas agrícolas que se extendían hasta el río, pero capaz de atrincherarse sobre sí misma para protegerse de enemigos que atacaran desde la selva. «Acá en una angosta cresta, flanqueado por todos lados por pendientes escarpadas o casi escarpadas, un pueblo altamente civilizado —artístico, inventivo y capaz de esfuerzos sostenidos— construyó una ciudad refugio en algún momento del pasado», escribiría Bingham. Mas sus casi prístinos muros sugerían que sus constructores se habían preparado para un ataque que nunca se materializó. Para explicar la aparente condición de no conquistada que le atribuía al sitio, Bingham había «demostrado» la validez de su teoría de que Machu Picchu era Tampu Tocco, el previamente mítico lugar de origen de la civilización incaica. Aquel otoño, Bingham había enviado a Eaton al sur del Cusco a visitar las ruinas de Pacariqctambo, el sitio que académicos anteriores habían identificado como el lugar de nacimiento de los incas. Aunque Pacariqctambo después sería excavado y restaurado para mostrar puertas de triple jamba particularmente finas, Eaton reportó que no tenía ni cuevas ni ventanas, un detalle que Bingham tomó como confirmación de que no podría ser Tampu Tocco. En realidad sí había una cueva cerca de Pacariqctambo: Eaton simplemente no la vio. Machu Picchu, sin embargo, tenía un templo con tres ventanas evidentemente simbólicas y ceremoniales, las más grandes que se conocieran en ningún sitio peruano, pensó Bingham. Bingham estaba ahora seguro de que Machu Picchu era la cuna de los incas, donde el fundador del Cusco, Manco Cápac, construyó un «muro de mampostería 224

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