Las tumbas de Macchu Picchu

paciente asombro que impulsaban a un hombre a seguir excavando. Delgado pero nervudo, con parte de su cara escondida tras un grueso bigote y un sombrero cómicamente grande, Erdis contribuyó con el esfuerzo físico que las ambiciones intelectuales de Bingham necesitaban. Organizó a los obreros indígenas que quedaban como si se tratara de un campamento minero y estableció un cronograma de premios en efectivo. Si un indio encontraba un esqueleto completo, recibiría 80 centavos; 20 por un cráneo, 20 por una olla entera y 20 por una pieza de bronce. Erdis descubrió que los constructores de la ciudadela habían dejado ofrendas en las entradas de los edificios y cuevas. Pronto estuvieron extrayendo del suelo delgadas medallas de bronce, un cuchillo de obsidiana, tiestos con caras talladas, alfileres de bronce de treinta centímetros con estrellas de seis puntas en sus cabezas, la cabeza y cuello rotos de un ave de plata, brazaletes grabados de bronce y cabezales de porras de guerra incaicas. Encontraron toda una colección de recipientes de cerámica completos o casi completos, así como tiestos de 1650 contenedores, desde envases altos para líquidos a asas decoradas con caras de animales y humanos. Bingham los usaría para crear una tipología de la cerámica de la región que sigue siendo útil hoy en día. En la tumba de un hombre encontraron una olla llena de huesos de animal, grano y otros objetos, los cuales le sugerían a Bingham que su dueño podría haber sido un «médico brujo», usando la terminología norteamericana para referirse a un chamán indio320. Encontraron alijos de enigmáticas cuentas verdes serpentinas y una caja de piedra finamente labrada, de unos 15 centímetros de ancho, 22 de largo y 6 de profundidad, cubierta de hermosos ángulos y espirales. Armaron una excelente colección de objetos metálicos. No había oro — los incas solían llevar aquellas galas consigo, y poco sobrevivió a la conquista— pero encontraron «como doscientas pequeñas piezas de bronce y unas cuantas piezas de plata y estaño». Encontraron grandes cuchillos de bronce, un tocado de plata y un adorno de cabeza hecho de plata y con forma de luna. A inicios de setiembre, de la esquina noroccidental de un ambiente, Erdis extrajo el hallazgo más fabuloso de la expedición: un «cuchillo de bronce, cuyo mango está decorado con la figura de un hombre con taparrabo, de estómago, pies en el aire, jalando una cuerda, al final de la cual hay un pescado», escribió en su diario 321 . Era una pieza verdaderamente única, y la figura estaba hermosamente detallada: nariz incaica, sombrero con orejeras y una «mirada resoluta». 219

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx