emocionados por trabajar para Yale, aunque probablemente no fue así. Habían venido a Machu Picchu para trabajar por su cuenta, un hecho que Bingham alguna vez había apreciado. La llegada de Yale los había introducido nuevamente al sistema peruano de trabajos forzados. Para los estadounidenses, todo esto olía a exploración. Para Richarte y Álvarez, el aroma era de una explotación perturbadora, especialmente cuando se enteraron de lo siguiente que Bingham quería que hicieran. Disfrutando la vista desde la ciudad perdida de sus sueños, la cual todavía estaba cubierta de maleza, Hiram Bingham apenas podía contener su entusiasmo. «Las ruinas de M. P. siguen tan espectaculares como siempre», escribió Bingham en su diario, «muy impresionantes son especialmente la Plaza Sagrada y el panorama». Su regreso al Cusco a fines de junio había sido difícil al comienzo. En su libro de 1911 sobre Sudamérica, había descrito al Cusco como «la ciudad más inmunda del mundo». Al llegar hubo de hacer una diplomática rectificación. Cusco —o por lo menos sus intelectuales— lo perdonaron y celebraron sus logros del año anterior. Las noticias de Machu Picchu habían llegado a la ciudad en diciembre de 1911, y un grupo de la Universidad del Cusco había partido a ver las ruinas poco después. Dijeron que Bingham era su «descubridor científico», pero anotaron que había sido visitado numerosas veces en el pasado. El Comercio del Cusco fue mucho más dramático: «Pocas expediciones han sido de tamaña importancia en el mundo científico». Para los estudiantes de la universidad, la atención de Bingham había sido particularmente electrizante. Para Luis E. Valcárcel, que había ayudado a liderar la huelga de unos años atrás, la revelación de Machu Picchu tuvo «una influencia decisiva» sobre su vocación y vida, «un gran estímulo para la juventud cusqueña … [que] nos animó a muchos a profundizar en el estudio de la prehistoria peruana» 282 . El 2 de junio, la universidad nombró a Bingham profesor honorario. Hiram devolvió el favor exhortando a los estudiantes «hijos del Cusco, herederos de la civilización más antigua de toda la América», a que respondieran al llamado de «los fundadores de la Universidad de Yale, quienes tomaron como lema ‘Luz y Verdad’». Los estudiantes aplaudieron283. De haber estado Valcárcel ahí, habría aplaudido también. Estaba en Lima, sin embargo, en una misión que Bingham muy pronto no podría ignorar. 184
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