templo masónico de Washington y se reunió con el comité de investigación de la National Geographic Society268 . Posteriormente, Grosvenor quiso hacerle a Bingham una oferta informal para apoyar otra expedición, pero su junta directiva todavía tenía dudas. En la reunión, Bingham había traído a colación un tema que preocupaba también a sus financiadores de Yale: mientras estuvo en el Perú, el gobierno prohibió excavar ruinas sin autorización, así como exportar objetos. Para llevar a cabo la expedición que Hiram proponía, necesitaba obtener la autorización del gobierno peruano para hacer una excavación, y necesitaba encontrar algún vacío legal que eximiera a Yale de las leyes peruanas sobre antigüedades, las cuales se estaban haciendo cada vez más estrictas. A la National Geographic Society no le agradaba del todo el meterse en política, pero los financiadores de Yale sí querían asegurarse de que la universidad obtuviera beneficios. Tal como le explicó uno de los financiadores principales de Bingham, le daría cinco mil dólares para que excave, pero solo si Bingham obtenía una «concesión» del presidente peruano que le diera a Yale una valiosa colección de objetos que estudiar y exhibir269. Por fortuna, el presidente Taft, para quien la ley peruana representaba un desafío interesante, era un aliado de Hiram. La protección de monumentos y antigüedades no le resultaban en lo mínimo chocantes a Taft. Frente al desenfrenado saqueo de entierros indígenas y sitios arqueológicos en el Oeste estadounidense, el congreso había aprobado una ley de antigüedades en 1906, que le permitía al presidente declarar ruinas y otros sitios históricos de los nativos americanos como monumentos nacionales, con lo cual prevendría el saqueo comercial de objetos. «[P]rácticamente todos los gobiernos civilizados del mundo han aprobado leyes para la preservación de los restos del pasado históricos», señaló la Cámara de Representantes270. Ahora se requería una acreditación como arqueólogo profesional para excavar en tierras públicas, bloqueando así incluso a los indígenas mismos. Las leyes peruanas eran similares, aunque incluso más estrictas. Y aun así estas protecciones podrían ser usadas en beneficio de Yale, si eran aplicadas frente a sus competidores. Para que fuera posible la expedición que planificaba, Bingham preparó un acuerdo. Yale le pediría al presidente del Perú que le extendiera una excepción legal, dándole carta blanca para explorar y excavar durante diez a veinte años271. Yale le 178
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