pensaba obtener «beneficios duraderos» de sus descubrimientos, la universidad tendría que enviar más expediciones para confirmar sus hallazgos y contextualizarlos. Sobre todo, Yale podría empezar a excavar en Machu Picchu, que parecía prístino y prometedor, a diferencia de Vitcos y Espíritu Pampa. Hiram Bingham quería pasar de la exploración a la excavación a gran escala 265 . A la Corporación de Yale le fascinó la idea. Era un campo nuevo para la universidad. Mientras que el museo de Harvard era en realidad una tumba para la cultura del hombre nativo precolombino y moderno, el Museo Peabody de Yale era un templo de historia natural, lleno de huesos de dinosaurios, fósiles de plantas y meteoritos. En 1909, Bingham se había indignado al enterarse de que el Museo Peabody de Yale había enviado los cráneos que había recolectado en Choqquequirau directamente al almacén266. Los nuevos descubrimientos de Bingham podrían reescribir la historia de la humanidad en América, pero también podrían darle a Yale una colección de historia indígena que estarían orgullosos de exhibir en su museo: cráneos, huesos, ceramios y quizá incluso algunos metales preciosos. A cambio, y por vez primera, Yale financiaría con su propio dinero al orgulloso explorador. También sería un campo nuevo para otra potencial fuente de financiamiento: la National Geographic Society, que había madurado desde su fundación en 1888 como un club de intelectuales y militares de Washington D.C. hasta ser una popular revista mensual con suscriptores en todo el país 267 . En todo ese tiempo, sin embargo, la Society nunca había financiado a un explorador interesado en la arqueología. Para algunos, la arqueología seguía siendo una ciencia especulativa propensa al romanticismo y fantasía. El editor de la National Geographic Magazine, Gilbert H. Grosvenor, tenía una visión diferente. Contratado por el inventor Alexander Graham Bell para revigorizar la revista con fotos y cuentos de aventura y descubrimiento, Grosvenor trabajaba hasta tarde revisando artículos y logró aumentar su circulación de diez mil ejemplares en 1905 a 84 000 en 1911. Grosvenor vio la importancia de la arqueología y su potencial atractivo para los lectores, y creyó encontrar a su primer gran campeón en Bingham. El editor había rechazado los artículos de Bingham en el pasado, pero tras su triunfal regreso en diciembre se convenció de que las exploraciones de Bingham valían la pena. Invitado por Grosvenor, Hiram dio una charla a un público de 1200 personas en el 177
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