un glorioso pasado preeuropeo, y los periódicos sugerían que sus herederos legítimos serían los estadounidenses, quienes les rendían el debido reconocimiento. El Christian Science Monitor declaraba de manera sencilla y contundente que la revelación de Bingham demostraba «lo ridículo de la teoría de que la civilización llegó por vez primera a estas costas a bordo de las carabelas españolas» 260 . Los lectores probablemente revisaban la página buscando la respuesta a la pregunta más importante de cualquier novela barata que tratara de emocionantes descubrimientos arqueológicos: ¿había encontrado la expedición tesoros incaicos? Ahí, Bingham puso reparos. No había oro ni plata, explicó. El valor de Machu Picchu consistía en sus edificios. «Nada nos habría resultado más satisfactorio que traer especímenes arquitectónicos de vuelta con nosotros», dijo. «Eso era imposible, sin embargo, ya que el gobierno peruano lo prohíbe expresamente. Así que hicimos lo mejor que pudimos, y llenamos nuestros cuadernos de datos y nuestras mentes de las memorias de lo que vimos» 261 . Técnicamente, Bingham estaba diciendo la verdad. No había encontrado «tesoros» en Machu Picchu, ni se había llevado su arquitectura. Para obtener el financiamiento para otra expedición, sin embargo, había traído de vuelta muchos especímenes, tanto naturales como históricos, para mostrárselos a los potenciales patrocinadores. La colección de Foote, por ejemplo, era enorme. Tal como señalaría después el hijo de Hiram, los estudios que de esta colección hizo Foote produjeron «tantos artículos en revistas académicas […] como los de todos los demás miembros de la expedición juntos»262. Bingham también había ignorado el decreto peruano que prohibía la exportación de objetos. Había regresado con una delgada plancha de plata y algunos ceramios que había comprado del pionero Saavedra en Concevidayoc. En Espíritu Pampa, él o algún miembro de su expedición habían encontrado y guardado implementos de bronce263. De mayor relevancia eran los «huesos glaciales», cuya existencia Hiram reveló al presidente de Estados Unidos, William Howard Taft, y otros miembros de la Corporación de Yale, la entidad rectora de la universidad, en la reunión que sostuvieron el 20 de enero de 1912. Los huesos fueron una noticia muy importante, y la Associated Press la diseminó por todo el país264. Pero tal como Bingham le aclaró a la corporación, si Yale 176
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