Las tumbas de Macchu Picchu

españoles, torturándolos y quemándolos vivos. Titu Cusi, sin embargo, resultó herido por una lanza, lo cual le dejó una cicatriz en la pierna de por vida. Manco demoró tres días en morir. En ese lapso convocó a sus capitanes y sacerdotes y les pidió que instruyeran a sus tres jóvenes hijos, Titu Cusi, Sayri Túpac y Túpac Amaru, como potenciales gobernantes y líderes religiosos. Le dijo a Titu Cusi que no llorara, que cuidara a la familia y «te mando que perpetuamente nunca tengas ley perfetta con semejante gente que esta porque no te acontesca a ti otro tanto como a mi; no consienta que entren en tu tierra avnque mas te conbiden con palabras porque sus palabras melosas me engañaron a mi y ansy haran a ti si los crees» 248 . ¿Pero quién sería emperador? Aunque Titu Cusi era el mayor, la sucesión incaica no privilegiaba al primogénito, sino a aquel hijo cuya madre fuera la descendiente más pura de los incas originales. Bajo esta tradición, el segundo hijo de Manco, Sayri Túpac, era el indicado. Durante doce años, los sacerdotes y capitanes incas gobernaron Vilcabamba por Sayri Túpac, asegurando la paz al suspender las incursiones contra los españoles. Su conservadurismo rindió frutos. En 1549, Paullu, el «Inca colonial» colaboracionista murió, y Felipe II, quien poco después sería rey de España, quería probar una nueva táctica para ponerle fin a la amenaza que representaba Vilcabamba a lo que los españoles aducían era la «justa conquista» del Perú: la reconciliación. Para compensar por haber perseguido a Manco, la corona ofreció condiciones generosas para ponerle fin al exilio de sus hijos. En 1557, Sayri Túpac emergió de Vilcabamba convertido al cristianismo, y se estableció en la finca de su abuelo en el valle sagrado de Yucay. La oferta de la corona constituía un momento potencialmente clave en la historia colonial; era una cuasi disculpa por el tratamiento que los conquistadores dispensaron a los incas, quienes, aunque paganos, habían sido los gobernantes de sus propias tierras. No obstante, los incas no consideraron que el arreglo con Sayri Túpac fuera una reconciliación total; para ellos fue una forma de preservar la independencia de Vilcabamba mientras ponían a prueba la palabra de los españoles. Cuando Sayri Túpac murió de manera súbita cuatro años después —algunos sospecharon que había sido envenenado— los españoles se percataron de su error. Sayri Túpac había dejado la borla real, la mascapaycha, con su hermano mayor, Titu Cusi, que había estado gobernando Vilcabamba desde su partida. Contando ahora con unos treinta 166

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