los altos Andes, Bingham sabía que había descubierto tres sitios que valían la pena estudiar con más detalle: Machu Picchu, Vitcos y Espíritu Pampa. Uno podría resultar ser Vilcabamba la Vieja. Decidió que mientras completara los demás objetivos geográficos de la expedición de ese año, sus topógrafos podrían despejar, mapear, medir y fotografiar estas tres ruinas claves. Si la expedición llevaba a cabo algunas excavaciones ligeras, sus hombres podrían incluso encontrar objetos que vincularan a Espíritu Pampa con Vilcabamba la Vieja, objetos que después podría llevar de vuelta a Yale. Al dejar el valle del Vilcabamba, sin embargo, Hiram recibió una carta que complicó todos sus planes. En el Cusco, el hijo de Don Pedro Duque había investigado el extraño telegrama que le prohibía excavar a Yale. Escribió para decir que justo ese mismo mes, agosto de 1911, el gobierno peruano había emitido un nuevo decreto, uno que cambiaría para siempre la forma en que la arqueología se conduciría en el Perú. Tal como Duque le explicó a Bingham, el ministro de Educación había declarado que todos los objetos encontrados por medio de excavación le pertenecían al Estado peruano. Los investigadores ahora podrían tan solo llevarse fotografías de los objetos únicos. El gobierno peruano nombraría un monitor para cada excavación. Y hasta que el Congreso de la República aprobara una ley completa que protegiera las antigüedades, la exportación de objetos estaba «terminantemente prohibida». Cualquiera que fuera detectado exportando objetos sería procesado como contrabandista y tendría que pagar una enorme multa 244 . El decreto era el más importante paso en cuanto a la protección de monumentos que se hubiera expedido en el Perú desde la independencia, y su aparición en ese momento no era una mera coincidencia. La excavación sin supervisión —en otras palabras, el saqueo— y la exportación sin control habían sido problemas por años, pero los intelectuales peruanos carecían de un caso modelo para obligar a que el gobierno tomara cartas en el asunto. La aseveración de Bingham de que estaba buscando las últimas ciudades perdidas de los incas fue la oportunidad precisa. La Sociedad Histórica de Lima y un grupo de jóvenes intelectuales que se hacían llamar la Sociedad Protectora de Monumentos Históricos arguyeron que la búsqueda de Bingham de la capital incaica perdida llevaría necesariamente a que fuera excavada, lo cual impediría que el Perú mismo realizara las excavaciones de dichos sitios, quizá los más simbólicos en la historia 161
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