peruana 245 . El Ministro de Educación admitió que Yale no tenía licencia oficial para excavar, aparte del permiso verbal del presidente Leguía. El Ministro se sintió impelido a emitir el nuevo decreto. La búsqueda de Bingham había literalmente puesto las últimas ciudades de los incas en el mapa, pero sin percatarse realmente de ello, había también cambiado la manera en que los peruanos protegían dichos lugares y hablaban sobre quién poseería sus restos. Si Bingham quería regresar a las ruinas de Machu Picchu, Vitcos y Espíritu Pampa en las profundidades de la selva, debería pedirle permiso al gobierno peruano. Y al hacerlo tendría que lidiar con un hecho significativo: estas no eran ruinas desocupadas de las cuales se habían olvidado los habitantes de la zona. Eran los hogares de indígenas modernos del Perú, quienes las estaban usando como refugio frente a la explotación peruana moderna, para buscar la paz que ahora había sido perturbada por la llegada de las expediciones de Bingham. Bingham ya no estaría explorando la historia peruana; la estaría cambiando, sutilmente, y potencialmente con gran riesgo para sí mismo y los descendientes de la gente que estudiaba. Si cambiaba su énfasis del descubrimiento a la posesión, como lo habían hecho tantos exploradores en el pasado, tendría que lidiar con nociones peruanas respecto de si la historia incaica podía tener dueño, y quién lo sería. De manera similar a lo que pasó después de que Manco Inca fundara Vilcabamba, las aventuras de Hiram estaban por tomar un giro escabroso. 162
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