suponer que los asháninka vieron a la expedición alejarse con bastante alivio. Al volver a la casa de Saavedra descubrieron que la enfermedad de Carrasco era más seria de lo que habían creído; había colapsado en fiebre. Le dijeron adiós a Saavedra a la mañana siguiente y empezaron el largo viaje fuera del valle «en medio de una lluvia torrencial», quizá llevando a Carrasco cargado por los porteadores. La lluvia siguió cayendo mientras ellos escalaban, haciendo que hablar fuera difícil, pero pensar fácil. La mente de Bingham daba vueltas en torno a una sola pregunta: ¿Qué es lo que había encontrado en el territorio de Saavedra? ¿Era Espíritu Pampa la misteriosa Vilcabamba de las crónicas, el lugar donde Manco y sus hijos se habían refugiado de la persecución de los españoles, adorado el sol e intentado sobrevivir? Bingham no estaba seguro. No había duda de que el sitio encajaba con lo que se esperaba de Vilcabamba, con la estructura larga y palaciega donde la familia de Manco podría haber recibido a los lugareños. Las ruinas pueden haber sido rústicas, pero el que estuvieran hechas de piedra sugería que los incas habían traído los materiales de construcción desde las alturas ex profeso. Sin embargo, el sitio estaba más lejos de Vitcos de lo que las crónicas sugerían, o por lo menos lo estaba para los occidentales: cuatro o cinco días enteros, en lugar de dos o tres. Sobre todo, Bingham había esperado que Vilcabamba fuera un sitio enorme, hermosamente construido y ornamentado, apropiado para el último de los reyes incas. En vez de ello, Espíritu Pampa parecía triste y apartado, con tejas rojas inexplicables, como si hubieran vivido españoles ahí después. No era nada como Machu Picchu, que encajaba mejor con la noción preconcebida de ciudad perdida. Contempló la posibilidad de que Espíritu Pampa fuera el lugar adonde quizá Túpac Amaru hubiera huido, pero sospechaba que no era la verdadera y magnífica última ciudad de los incas. Fue precisamente en ese momento que el razonamiento de Hiram Bingham se descarriló. Un explorador posterior, Gene Savoy, demostraría de manera convincente que Espíritu Pampa fue el refugio de Túpac Amaru, al igual que Vilcabamba la Vieja. En agosto de 1911, sin embargo, Bingham no se pudo percatar de ello, al estar encandilado por la belleza más inmediata de Machu Picchu. Como han probado investigadores posteriores, toda la evidencia estaba a disposición de Bingham, o lo habría estado en cuanto regresara a casa. La arquitectura de Vilcabamba era rústica porque había sido construida 159
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