Las tumbas de Macchu Picchu

Archivo Nacional y a la National Geographic Society en Washington DC, la Benson Library en la Universidad de Texas en Austin y a Kylee Omo de la biblioteca de la Punahou School en Honolulu. En Londres, agradezco al personal de la Royal Geographic Society. En Perú, agradezco a los bibliotecarios y archiveros en el Archivo Regional del Cusco, el Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas, el periódico El Sol, el Archivo Municipal del Cusco, el Museo Inka del Cusco, el Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional, el Instituto Nacional de Cultura y a Ada Arrieta y el personal del Instituto Riva-Agüero de la PUCP. Los argumentos y errores del libro son míos; en cuanto a todo lo demás, el mérito es de mis mentores. De mi paso por Yale, agradezco a Rolena Adorno por enseñarme sobre Guaman Poma de Ayala y el poder de la palabra escrita, y a Seth Fein por dirigirme hacia la colección Bingham. Mi más profundo agradecimiento para Gilbert Joseph y Patricia Pessar, que me desafiaron cuando lo necesitaba y me apoyaron en todo momento. En la Universidad de Texas, agradezco a los profesores Erika Bsumek, Jorge Cañizares-Esguerra y Seth Garfield por sus correcciones y consejos; Jim Sidbury, Marilyn Lehman y el personal del Departamento de Historia por su apoyo; y al Donald D. Harrington Fellows Program por tratarme con la afamada hospitalidad tejana. En el Perú, son demasiados los guías a quienes debo mi agradecimiento. En primer lugar, agradezco a Henry Harman Guerra, Marcela Harth y al Comité Fulbright de Lima, y a Xavier Ricard Lanata del Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas (CBC) por llevarme al Perú. Agradezco a José Cárdenas Bunsen y Keely Beth Maxwell por enrumbarme cuando llegué. Por sus amistosos consejos, doy las gracias a Pedro Guibovich. Agradezco a Mariana Mould de Pease por las provocadoras horas de investigación y debate; espero que podamos continuar conversando. En Lima también agradezco a José Tamayo Herrera, Federico Kaufmann Doig y a César Coloma Pocari. En Cusco, a Donato Amado y Jorge Flores Ochoa por ayudarme a entender el lado cusqueño de las exploraciones de Bingham, y a Dante Astete en la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco. Por ayudarme a entender la arqueología peruana y sus museos, agradezco a Fernando Astete del parque arqueológico de Machu Picchu y a Verónika Tupayachi. Gracias también a Blanca Alva Guerrero y a María Elena Córdova, del Instituto Nacional de Cultura (INC), por instruirme sobre el patrimonio 14

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