resucitar otras ruinas, como Macchu Picchu, que guardaban la historia perdida de los incas. Su historia culmina con una pelea monumental que cambió la manera en la que los peruanos ven su pasado material y acabó con la carrera de Bingham como explorador. Y el hilo final nos lleva hasta el presente, cuestionando el significado de los descubrimientos de Hiram Bingham hoy en día y cómo los objetos de Machu Picchu —y su propiedad— continúan representando un reto para la comprensión de la historia y la arqueología americanas. Luego de la publicación de la primera edición inglesa, sin embargo, la historia de Hiram Bingham y Machu Picchu dio un feliz e inesperado giro, que más bien parecía un final de Hollywood de la historia de Indiana Jones, personaje, por cierto, inspirado en Bingham. En el otoño de 2010, el Perú consiguió la victoria por la que había luchado tanto tiempo —la devolución de los objetos y restos de Machu Picchu— y tuve el placer de agregar un epílogo en la segunda edición, publicada en junio de 2011, a tiempo para el centenario de la primera visita de Hiram Bingham. Esta edición está actualizada hasta aquel momento, pues creo que la historia y el debate público del segundo siglo de Machu Picchu es un trabajo que corresponde a otros. Sin embargo, considero esta traducción al español para el Fondo Editorial de la PUCP la edición definitiva de este libro, que coincide con el centenario de un evento aún más complejo que ha sido resuelto con mejor fortuna: la salida de las tumbas de Machu Picchu a los Estados Unidos en 1912. De modo más importante, estamos al final de un ciclo de la historia arqueológica americana. Espero que estemos ingresando a una etapa de mayor equilibrio, apertura y respeto que la que está acabando, pero que se mantenga el asombro, descubrimiento y compasión por los pueblos indígenas americanos que, en sus mejores momentos, se perciben en los norteamericanos y peruanos que protagonizan las páginas que siguen. Antes de continuar, sin embargo, debemos reconocer cuánto de nuestro trabajo es una colaboración. Este libro, por ejemplo, no podría haberse hecho realidad sin toda la ayuda que recibí. En primer lugar, los bibliotecarios y archiveros que me orientaron en sus colecciones. El proyecto empezó en la colección latinoamericana del Departamento de Manuscritos y Archivos del Sterling Memorial Library de Yale, donde agradezco a César Rodríguez, Chris Weideman, Bill Massa y a todas aquellas personas que a lo largo de seis años atendieron mis preguntas y solicitudes de copias. En Estados Unidos, agradezco al personal del 13
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