Las tumbas de Macchu Picchu

muchos estudiosos y observadores peruanos. Vista desde lejos, parecía una simple historia de exploradores heroicos. De cerca, sin embargo, era nada menos que una historia perdida de la conquista española del Perú y su recuperación a través de las exploraciones; un descenso hacia un capítulo olvidado de la relación norteamericana, a veces colonialista y otras veces imperialista, con otras gentes y países del hemisferio; y, más aún, una pregunta con tantas espinas como los matorrales que mantenían Machu Picchu en pie: ¿quién puede poseer y contar el pasado indígena? Esta pregunta resultó muy oportuna. En 2003, mientras terminaba mi ensayo, la diplomacia peruana anunció que estaban considerando la posibilidad de enjuiciar a Yale por la devolución de los objetos y restos humanos que Bingham había excavado de Machu Picchu. El Perú aducía que había prestado a Yale una colección de joyas de plata, huacos, fragmentos cerámicos y restos humanos que Bingham había extraído de sus excavaciones en Machu Picchu, y reclamaba su devolución. Yale, con el avance del conflicto, calificó al reclamo peruano de vano y frívolo, y aseguró ser el propietario de la colección. Luego de graduarme en Yale, traté de averiguar la verdad. En 2005 obtuve una beca Fulbright para investigar la historia utilizando archivos y fuentes en el Perú. En el año aproximadamente que viví en el Cusco, la antigua capital de los incas, hablé sobre la controversia con historiadores, arqueólogos, guías turísticos y taxistas que desafiaron profundamente mi noción de lo que había significado el «descubrimiento» de Bingham. Cuando le conté a un guía dónde había estudiado, me dijo: «Entonces tal vez nos pueda decir dónde está el oro», haciendo eco de la leyenda que decía que Bingham había arrancado no solo las tumbas de Machu Picchu sino también el tesoro inca que supuestamente contenían. Este libro, publicado originalmente en 2010, fue mi respuesta. Antes de la llegada de los españoles, los incas recogían su historia y sus actividades en los quipus, largas cuerdas de las que colgaban múltiples y multicolores pitas en las que cada nudo representaba un evento o número distinto. Como en los quipus, esta historia une distintos hilos. El primero es el más antiguo y explica por qué los españoles del siglo XVI persiguieron hasta la selva peruana al heredero del que fuera un poderoso imperio, y qué fue lo que se perdió cuando lograron atraparlo. El segundo hilo intenta capturar la atmósfera de la exploración de inicios del siglo XX, y explicar por qué el hijo de un misionero se enamoró de unas ruinas incaicas llamadas Choqquequirau, para luego dedicar su carrera de explorador a intentar 12

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx