a los arqueólogos, por los numerosos objetos de metales preciosos y de toda índole que encierran las huacas y sepulcros antiguos» 197 . En otras palabras, tanto los residentes del Cusco como los forasteros sabían que el área estaba llena de ruinas, y unos cuantos sin duda sabían de Machu Picchu mismo. Pero ninguno había descrito Machu Picchu, fotografiado las ruinas o intentado entenderlas como sitio histórico. Para Bingham, eso constituía el descubrimiento, un logro que después defendería con el gusto por los detalles de un abogado. En 1922, después de haber renunciado a la exploración y haber ido a la guerra, Bingham escribió: «Supongo que en el mismo sentido en que se usa en la expresión “Colón descubrió América” es justo decir que yo descubrí Machu Picchu. Los escandinavos y pescadores franceses sin duda visitaron Norteamérica mucho tiempo antes de que Colón cruzara el Atlántico. Por otra parte, fue Colón quien hizo a América conocida en el mundo civilizado. En ese mismo sentido yo “descubrí” Machu Picchu, pues antes de mi visita y mi informe al respecto, no era conocido por las sociedades geográficas o históricas del Perú, ni por el gobierno peruano. Había sido visitado por unos cuantos indios y mestizos y posiblemente un europeo» 198 . Bingham no estaba reclamando ser el primero en poner pie en Machu Picchu, sino tan solo el primero en proclamar la importancia histórica del sitio. En ese sentido, por lo menos tenía de su lado al diccionario Oxford de la lengua inglesa: para 1908, la palabra «descubrir» había recogido una nueva definición: «Traer al conocimiento público, hacer famoso o poner de moda»199. Como los intelectuales peruanos admitirían al siguiente año, Bingham podría ser considerado el «descubridor científico». No obstante, todo el pleito respecto de quién fue el primer cara pálida que vio las montañas parecía absurdo, considerando el simple hecho de que durante años había habido tres familias indígenas viviendo y cultivando en las ruinas; que el nombre que le habían dado al sitio —tal como descubrirían después los académicos— había venido de los incas, cuyos herederos perdieron el sitio frente a los españoles después de la conquista, aunque volvieron pero accedieron a él a mediados del siglo XIX, como ha demostrado el historiador Donato Amado en una larga y comprehensiva investigación que está por publicarse y cambiará mucho de lo que comprendemos sobre lo que fue Machu Picchu antes de la llegada de Hiram Bingham200. Estas familias, asimismo, tenían sus propias teorías respecto del significado del sitio, sobre dónde se ubicaban los 132
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