Las tumbas de Macchu Picchu

Nuevo Mundo. Rechazando versiones nativas según las cuales habían estado ahí desde siempre, los tempranos europeos especularon que los indios eran una tribu perdida de Israel que había llegado desde Asia alrededor de 500 a.C. Las cronologías bíblicas sucumbieron después frente a descubrimientos decimonónicos en torno a la teoría de la evolución, la antigüedad geológica y la presencia de esqueletos humanos y herramientas líticas junto a animales extintos. Los humanos evidentemente habían vivido en Europa durante la última Edad del Hielo, miles y miles de años antes de los días de Adán y Eva. Tal como lo puso el arqueólogo David Hurst Thomas, «Si la historia europea podía ser puesta de cabeza con un solo hallazgo bien documentado, ¿por qué no la del Nuevo Mundo? ¿Por qué no el paleolítico americano?» 171 Tanto aficionados como académicos habían descubierto herramientas similares a las del paleolítico europeo, y el público estadounidense ahora hervía con la posibilidad de que los indígenas del pleistoceno hubieran cazado mamuts, bisontes gigantes y felinos dientes de sable 25 000 años atrás. Con una certeza que ahora parece prejuiciada, sin embargo, el Bureau of American Ethnology de Washington y sus antropólogos William Henry Holmes y Aleš Hrdlička habían declarado que era prácticamente imposible que los indios hubieran estado en el hemisferio occidental durante la última Edad del Hielo. Para mover la historia del hemisferio hacia atrás, un antropólogo y un geólogo tendrían que encontrar y confirmar huesos o herramientas americanas de la era glacial en sedimentos del Pleistoceno. Bajo el régimen del Bureau, recordaría un antropólogo después, la «pregunta del hombre temprano en América se volvió virtualmente tabú, y ningún antropólogo, o para tal caso, geólogo o paleontólogo que deseara una carrera exitosa se expondría al ostracismo al sugerir que había descubierto indicios que le darían una antigüedad respetable al indio» 172 . Hrdlička hasta entonces había rechazado cualquier descubrimiento sobre el cual se dijera que tenía más que un par de millares de años de antigüedad. Su alcance era grande. Tan solo un año atrás había viajado a Sudamérica para refutar al pintoresco científico argentino Florentino Ameghino, quien decía haber encontrado materiales óseos glaciales173. Desafiar al Bureau tendría sus riesgos, pero Bingham y Bowman creían que su descubrimiento podría pasar el escrutinio. La expedición mapeó la quebrada y excavó sus muros. Encontraron más huesos, todos los cuales 116

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