Vilcabamba. Bingham no estaba buscando una sola «ciudad perdida»; estaba buscando dos. La Expedición Peruana de Yale llegó al Cusco el 2 de julio, y Bingham inmediatamente empezó a buscar pistas sobre las ruinas cercanas. Después contaría que cuando le dijo a sus amigos en el Cusco que estaba buscando algo aún mejor que Choqquequirau se rehusaron a creerle, y bromearon con que había regresado para excavar la Cuna de Oro. Bingham recibió sustancialmente más apoyo por parte de los residentes del Cusco de lo que reveló, sin embargo. Con la gestión de Albert Giesecke de la Universidad del Cusco la coyuntura era favorable para proclamarse amigo del Cusco y defensor de las ruinas incaicas. Luis E. Valcárcel y los estudiantes que se habían rebelado en 1909 estaban estudiando lenguas y tradiciones indígenas, y visitaban ruinas locales por su cuenta. Valcárcel ahora ayudaba a editar la revista de la universidad, asistía a reuniones de la Sociedad Pro-Indígena de la región y escribía artículos sobre héroes incas para los periódicos de Lima164. De haber estado en el Cusco aquel julio, hubiera estado entre los estudiantes que aplaudieron cuando Bingham dio un breve discurso en la universidad el 4 de julio, día nacional de Estados Unidos. Sin embargo, dado que Valcárcel pertenecía a una familia de mercaderes, Giesecke probablemente no se lo presentó a Bingham; no todavía. Más bien, Giesecke invitó a estudiantes cuyas familias tenían tierras en el río Urubamba para que compartieran con el explorador lo que supieran sobre ruinas. Un joven y amigable ingeniero, Alberto Duque, les contó a los miembros de la expedición que serían bienvenidos en la hacienda de su padre, justo río abajo del punto donde se encontraban los ríos Vilcabamba y Urubamba. El ingeniero trajo a otro informante, José S. Pancorbo, quien era dueño de una hacienda azucarera a orillas del Vilcabamba. Pancorbo confirmó una de las especulaciones de Romero: verdaderamente había un conjunto de ruinas cerca del pueblo de Puquiura. «Justo lo que esperaba», le escribió Bingham a su esposa 165 . Bingham recolectó más pistas, aunque ninguna calzó tan bien con las crónicas como la de Pancorbo. Mientras compraba machetes, picos y palas, Hiram conoció a un viejo minero alemán quien le dijo que en el río que seguirían primero, el Urubamba, había ruinas en una cresta encima de un lugar llamado Mandor Pampa, justo después de la hacienda llamada Torontoy, de propiedad de una familia Ochoa. Cincuenta años después, el 114
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