Hiram tomó otro coche a caballo. Tenía un último asunto que atender. En su primer día en la ciudad había llamado a Carlos Romero, el archivista y autor del artículo que sugería que el último refugio de los incas había sido un lugar llamado Vitcos, no Choqquequirau. Bingham lo encontró un «hombre muy viejo y bastante débil… algo sordo y un tanto amargado, pero todo un académico». Romero se había criado en la pobreza, pero en el proceso de reconstruir la Biblioteca Nacional después de la Guerra del Pacífico se había vuelto uno de los expertos locales en la historia anterior a la independencia 161 . «De mil amores escribiría en quipus o con pluma de ave», bromeó un admirador suyo 162 . A Romero le complacía conocer a Bingham. Había escrito su artículo porque quería ver que se descubrieran estos símbolos de la rebelión anticolonial de los incas, y Bingham parecía ser una herramienta útil. Romero le dio a Hiram un curso acelerado sobre la geografía de los últimos incas, tal como fuera descrita por un fraile agustino llamado Antonio de la Calancha. Bingham le preguntó a Romero por el nombre del último refugio de Manco. ¿Era Vitcos o Vilcabamba? Romero sacudió la cabeza: Vilcabamba era el nombre del reino en general y Vitcos era la capital de Manco en el exilio. Romero señaló un pasaje que colocaba a Vitcos junto a «una casa del sol» y un santuario de piedra llamado Yurak Rumi 163 . Pero cuando Romero dejó al estadounidense para que este apuntara las pistas por su cuenta, Bingham se percató de que la crónica de Calancha contradecía lo que Romero creía. En la página 794, se leía que el pueblo de Puquiura estaba a dos largas jornadas de la corte y ejército del Inca, el pueblo de Vilcabamba. ¿No le había asegurado Romero que la última capital de los incas había sido Vitcos, y que estaba junto a Puquiura? De ahí, en la página 803, Bingham encontró mayores referencias a esta «Vilcabamba la Vieja», pero ahí Calancha decía que estaba a tres días de Puquiura. Vilcabamba la Vieja era el más grande poblado del reino, escribió Calancha, y contenía el nuevo corazón de la religión incaica. Era la residencia preferida de Titu Cusi, el hijo mayor de Manco, y fue el hogar final de su hijo menor, Túpac Amaru, antes de que fuera ejecutado por los españoles. Bingham soltó el lápiz, finalmente entendiendo lo que incluso Romero no había logrado comprender. Vilcabamba y Vitcos eran lugares diferentes. Manco se había desplazado a Vitcos, pero después construyó 113
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