Las tumbas de Macchu Picchu

Las fuentes de financiación de la expedición también daban pistas respecto de sus valores. Para cubrir los gastos de alimentación y viajes — cada persona requería mil ochocientos dólares— Bingham recolectó 11 825 dólares, parcialmente de empresas vinculadas a las fronteras — literales o imaginarias— de Estados Unidos. La compañía de armas Winchester donó un rifle y quinientos dólares. Minor C. Keith —cuya todopoderosa United Fruit Company era dueña de ferrocarriles y plantaciones en toda Centroamérica e involucraría al gobierno estadounidense en varios embrollos militares— donó 1800 dólares para otro miembro y permitió que la expedición viajara en las naves de la United Fruit a mitad de precio. Finalmente, la Eastman Kodak Company donó cámaras que Bingham prometió poner a prueba en los lluviosos valles del Perú 145 . Para cubrir sus propios costos, Hiram se comprometió a escribir cuatro artículos para Harper’s Magazine a cambio de mil dólares. Aun así, le hacían falta ochocientos. Para obtenerlos, Bingham liquidó uno de los últimos activos que le quedaban a su familia de sus días en Honolulu, la última extensión de tierra de la donación que su abuelo, Hiram I, recibiera de la familia real hawaiana. Ignorando las protestas de los amigos misioneros de su padre, vendió la tierra a ochocientos dólares y con ello compró un boleto para el Perú 146 . Aunque le hería el orgullo, Bingham recurrió a Alfreda para obtener los 1800 dólares que faltaban para el cirujano de la expedición. El padre de Alfreda había muerto en abril, y la señora Mitchell se enfureció cuando se enteró de que Hiram estaba partiendo nuevamente, mientras que a Alfreda se le rompía el corazón en silencio. Alfreda no le podía decir que no, sin embargo, y en medio de una sensación de abandono y pérdida, le entregó a su esposo lo que necesitaba. «Nunca más te dejaré», le prometió. «Pero realmente creo que esta expedición aportará significativamente a la Ciencia y a la Verdad. Ese será tu premio» 147 . Cualquier sentimiento de culpa que haya tenido Hiram se disipó en el brillo de su fase favorita: la promoción de la expedición. Atrajo a la prensa con la posibilidad de encontrar las «ciudades perdidas» de los incas, que en ese entonces eran considerados por el público como la civilización indígena más antigua e importante de América. «Es casi imposible que aquellos que estén interesados en todo aquello que ha sido y podría ser descubierto y dicho sobre los tempranos habitantes de América —y 105

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