Las tumbas de Macchu Picchu

aquellos son innumerables— puedan oír [suficiente] sobre los incas», reflexionó el Christian Science Monitor. «Cada página de su historia conocida o imaginada está teñida de romance. Descubrir sus ciudades perdidas, y quizá sus tesoros perdidos, no desmerecerá el encanto de este romance»148. Pero para cuando Hiram partió de Manhattan a bordo del S.S. Marta el 8 de junio de 1911, tanto a los reporteros como a los lectores les resultaba un tanto difuso lo que Hiram esperaba encontrar. ¿Buscaba ruinas?, ¿o reluciente oro inca? Era decididamente lo primero. Poco antes, en marzo, le había dado al New York Sun la respuesta más clara. Dada la condición en que había encontrado a Choqquequirau, esperaba hallar muy pocos tesoros tradicionales. Después de todo, estas eran ciudades conquistadas y saqueadas. En esta expedición estaba interesado tan solo en las ruinas incaicas, que esperaba revelarían aún más sobre el esplendor de su civilización. Si estaban tan ocultas como esperaba, la mayor parte del tiempo de la expedición estaría dedicado a despejarlas de vegetación. ¿Y aun así, si fueran a encontrar por casualidad un «tesoro enterrado», se lo quedaría Yale? Bingham sacudió la cabeza. «De encontrarse cualquier cosa de ese tipo», explicó Bingham, «sería propiedad del gobierno peruano» 149 . 106

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