Las tumbas de Macchu Picchu

Primera Guerra Mundial, dirigiría el Council on Foreign Relations y sería presidente de la Universidad de Johns Hopkins. En 1911, sin embargo, era la principal competencia que tenía Bingham por la corona de explorador, pues también había estado en el sur del Perú en 1909. Fornido como un toro pequeño, Bowman creía que Bingham era ocioso y privilegiado. Se jactaba con un colega de Harvard de que muchos más estudiantes se matriculaban en su curso de geografía sudamericana que en el de su rival, y no vio la ironía de añadir que «Bingham [era] desmesuradamente vanidoso y nunca vio la palabra ‘modestia’ en el diccionario» 138 . Bingham consiguió que Bowman se enrolara en la recientemente bautizada YPE al ofrecerle una valiosa recompensa: una copia del deteriorado mapa que Farabee (de Harvard) había hecho durante sus exploraciones tres años atrás 139 . Con aquella, Bowman podría ir río abajo del Urubamba, casi hasta el Amazonas, buscando los túmulos y ciudades de los que había oído Farabee. Bowman seguiría su prospección geográfica hacia el oeste y se encontraría con Bingham para escalar el Coropuna. Encantado, Bowman proclamó que estaban continuando «el heroico trabajo de los primeros exploradores y fundadores, tales como Pizarro»140. Era un honor discutible, sin duda, pero aun así era una comparación apropiada. Al igual que las expediciones españolas, la de Bingham era una empresa financiada por individuos ambiciosos. Bowman y Bingham se llevaban casi tan mal como los tempranos conquistadores. Ambos tenían grandes egos, y Bingham trataba a Bowman como un socio menor, a tal punto que años más tarde Bowman creía que Bingham lo había enviado al Amazonas a propósito para mantenerlo alejado de los verdaderos descubrimientos del año 141 . El redactor de una revista describió el estilo de liderazgo de Bingham con estas palabras: «Todo hombre que le obedecía lo consideraba un jefe capaz, eficiente e incluso encantador; tan solo aquellos que tenían sus propias ideas, quienes se resentían ante la perfección y omnisciencia de cualquier hombre, encontraban irritante su liderazgo»142. Si esta expedición tenía un Pizarro, entonces ese era Bingham. El afán de control de Bingham era tal que la única posición dentro de la expedición que no solicitó fue la de «arqueólogo», ocupación que reservó para sí mismo. Sin embargo, si hubiera tenido la apertura de incorporar a 103

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