«diplomacia del dólar», a través de la cual Estados Unidos construiría su poder internacional por medio de préstamos a otros países e influyendo en los mercados. La expedición de Bingham funcionaría como una forma de diplomacia incluso más suave y sutil: Yale podría darle forma al estudio de la historia del hemisferio a la vez que bruñía una imagen benevolente de Estados Unidos en el exterior. Taft le consiguió a Bingham un topógrafo de la U.S. Coast and Geodetic Survey, un alto y tímido danés llamado Kai Hendrikson. Bingham tenía suerte incluso cuando enfermaba. Su médico era un graduado de Yale llamado William G. Erving, quien alguna vez había remado en una canoa por el Nilo desde Cairo hasta Jartum. Impresionado, Bingham lo reclutó como cirujano de la expedición. Lo necesitarían en los lugares a los que se dirigían. Bingham había sufrido de mal de altura en su última expedición y estarían subiendo rápidamente al Cusco esta vez. En la selva habría malaria, fiebre amarilla, tétanos, mordeduras de serpientes y males estomacales. La presencia de Erving era de suma importancia. A lo largo del siguiente mes, a la Expedición Peruana de Yale (YPE–Yale Peruvian Expedition) de 1911 se sumaron cuatro miembros más, llegando a siete personas. Bingham reclutó a su mejor amigo Harry Foote como el «naturalista» de la expedición. Foote era un profesor de química de Yale amable y narigón, pero también un coleccionista de flora y fauna. Foote ayudó a elaborar el sistema de alimentación de la expedición, que consistía en pequeñas cajas llenas de comida empacada que servían para alimentar a dos hombres por ocho días. Un estudiante de Yale de rostro dulce llamado Paul Baxter Lanius se sumó como asistente de Bingham, y su familia cubrió los costos. Para ayudarle a escalar el Coropuna, Bingham reclutó a Herman L. Tucker, un curioso hombre de veintisiete años que había abandonado los estudios en Harvard y que había sido miembro de la expedición que desmintiera la aseveración del doctor Frederick Cook de haber sido el primero en escalar el monte McKinley. Tucker demostraría ser un tipo sencillo, socialista y miembro de los Trabajadores Industriales del Mundo (Industrial Workers of the World). Horrorizó a Bingham al beber con los lugareños. La elección del último miembro de la expedición fue un asunto de mantener cerca a los rivales. El geólogo Herbert Gregory se retiró y en su lugar Bingham reclutó a Isaiah Bowman, un profesor asistente en el departamento de geografía de Yale. Bowman algún día ayudaría al presidente Woodrow Wilson a redibujar el mapa de Europa después de la 102
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx