Las tumbas de Macchu Picchu

conocimiento bibliográfico, histórico, arqueológico y geográfico. No sorprende que, dado que todavía no había demostrado su valía como académico, fuera rechazado 135 . Yale fue tan solo un poco más amable. La universidad acordó prestarle su nombre a la expedición y abrió un fondo para la exploración de Sudamérica que procesaría las donaciones, pero se abstuvo de financiarla ella misma. El dique finalmente se abrió cuando uno de los ex compañeros de Bingham —Edward Harkness, un egresado de Yale de 1897 y uno de los herederos de la fortuna de la Standard Oil— se comprometió a donar 1800 dólares si Bingham incluía a Herbert Gregory, un geólogo de Yale, en la expedición. Bingham amplió aún más su misión al anunciarla como una exploración de la geografía, geología y arqueología del 73º meridiano, que pasaba por Choqquequirau y las ruinas que se decía estaban cerca del Cusco, un lago «inexplorado» llamado Parinacochas, y una montaña sin escalar llamada Coropuna, que un arqueólogo recientemente había postulado como la más alta de América 136 . La ampliación de objetivos atrajo más fondos. En febrero de 1911, Bingham asistió a una cena de la promoción de 1898 de Yale en Nueva York y se sentó junto a un compañero de clase llamado Herbert Sheftel. Sheftel prácticamente no había visto a Bingham desde que se graduaron, pero tenía una sorpresa para su alto amigo. «Cuando le conté sobre mis planes y sobre cómo necesitaba 1800 dólares para pagarle a un topógrafo, sonrió y me dijo “¿Mil ochocientos? ¡Yo te los daré!”», Bingham le escribió a su esposa. «Podría haber gritado de alegría. Era una sorpresa total. Al comienzo creí que estaba bromeando. Pero no, dijo que llevaba algún tiempo siguiendo mi trabajo y que estaba decidido a ayudarme a la primera oportunidad que tuviera. ¡Ahí está!» Bingham seguía siendo aquel joven hawaiano que buscaba la aceptación de sus pares. A instancias de Sheftel, los sesenta compañeros de promoción que asistieron hicieron que Hiram les contara sobre Sudamérica. Escribió a casa que le dieron «toda una ovación, para gran sorpresa mía. Nunca antes mis compañeros me dijeron tantas cosas positivas. Ojalá hubieras estado presente» 137 . Siguió teniendo suerte en Washington, donde buscó la ayuda del presidente William Howard Taft. Además de ser un egresado de Yale, Taft apreciaba lo que la expedición de Bingham podría significar para las ambiciones estadounidenses en la región. Taft había reorientado la política exterior de EE.UU. desde el imperialismo activo de Roosevelt hacia la 101

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